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Senador Girardi asume presidencia del Senado

Publicado el 15/03/2011 | 0

Con el respaldo pleno de la Concertación y el voto del Senador del MAS, Alejandro Navarro, el Senador Guido Girardi fue electo Presidente del Senado por el periodo 2011-2012 junto al Senador Juan Pablo Letelier (PS) en la vicepresidencia.

Adjuntamos el discurso pronunciado por el Senador;

Discurso del senador Guido Girardi en la ceremonia de asunción de la Presidencia del Senado de la República de Chile
Valparaíso, martes 15 de marzo de 2011
I. Honorable Senado:
En primer lugar quiero agradecer a los senadores de la Concertación el respaldo que me han brindado para asumir la Presidencia del Senado. A mi partido, el Partido por la Democracia y a mis compañeros de bancada del Senado y de la Cámara, por el apoyo que me han dado para llegar hasta aquí.
Deseo expresar también mi reconocimiento a mi antecesor, el senador Jorge Pizarro, quien se desempeñó de manera impecable en un cargo que demanda un gran respeto por las distintas corrientes de pensamiento que se expresan en este hemiciclo y que, en último término, representan la pluralidad de ideas y de sensibilidades que enriquece a Chile.
Agradezco finalmente a los ciudadanos de Santiago Poniente, los miles de hombres y mujeres progresistas que me dieron su apoyo y que quieren construir una sociedad mejor.
Reitero mi compromiso con la larga tradición republicana donde nuestra institución, el Senado chileno, ha sido, y debe seguir siendo, uno de los principales espacios para la articulación de la diversidad que tanto hemos necesitado, para pensar Chile desde la diferencia y hacer de ésta una oportunidad para seguir avanzando. Ese espíritu republicano ha hecho que el país crezca y lo debemos fortalecer y cuidar.
Hoy, junto al Senador Juan Pablo Letelier en la Vicepresidencia, tendremos con el gobierno una relación de respeto mutuo y cooperación, pero siempre pensando en el interés de las mayorías. Así mismo, esta mesa será inclusiva de las opiniones de todos, valorando los consensos en materias fundamentales, porque ello fortalece nuestra democracia.
 
II.  Luego del Golpe Militar y los 17 años de Dictadura, vino una transición a la democracia ejemplar, reconocida en el mundo entero. Durante este período, los distintos Presidentes del Senado desempeñaron un papel fundamental en el restablecimiento del diálogo político y social para la recuperación y la consolidación de la democracia en Chile. Estos últimos 20 años sin duda fueron de crecimiento y progreso. Seguramente pasarán a la historia como uno de los mejores períodos de Chile. La Concertación llevó adelante un profundo y ambicioso proceso democratizador de la sociedad chilena con justicia social, avanzando en todos los ámbitos de la vida nacional.
En este tiempo hemos sido capaces de disminuir sustancialmente la pobreza y el talento de nuestra gente ha permitido integrarnos plenamente al mundo en que vivimos.
Todos hemos aprendido lo duro que es perder la democracia y todos hemos dado muestras de que deseamos vivir en una sociedad cada vez más abierta, más tolerante, construyendo un país más justo, más igualitario, más participativo.
Sin lugar a dudas, estos logros han sido posibles por la voluntad y disposición de numerosos actores, tanto de gobierno como de oposición, del mundo político y de la sociedad civil, del mundo empresarial y del mundo sindical.
 
III. Es evidente que quedan desafíos pendientes. Contribuir a estrechar las brechas que hacen de Chile uno de los países mas inequitativos de la región sigue siendo la principal tarea de nuestra sociedad.Hay mucho aún respecto de lo cual indignarse, como las profundas desigualdades en riquezas y oportunidades. Si bien, es importante la riqueza de un país mucho más importante es que no sea desigual. Hay amplios sectores de nuestra sociedad que carecen de herramientas efectivas de movilidad social. Terminar con la desigualdad es una condición necesaria para dar un salto definitivo al desarrollo.
Sentimos orgullo por nuestros resultados macroeconómicos, pero creo que todos nosotros sentimos vergüenza por nuestros índices de equidad.
 
IV. Chile necesita una nueva convicción meritocrática y el principal instrumento que tenemos  es  la apuesta por la educación pública y de calidad. Cada etapa y momento histórico tiene sus preocupaciones. Hoy es el momento de iniciar una verdadera revolución en materia educacional, particularmente en el fortalecimiento de la educación pública.
Nuestro papel es enfrentar con decisión el debate sobre educación. Centrarnos en lo que no hemos logrado acuerdo, hasta alcanzarlo. Darle prioridad a los proyectos en este ámbito y a su financiamiento, para que efectivamente se formen profesionales,  técnicos, trabajadoras y trabajadores de clase mundial, que hagan la diferencia y encabecen los destinos de un país plenamente desarrollado, esto está todavía pendiente.
 
V. Todos los presentes juramos respetar la Constitución y así lo haremos. Pero ello no puede inhibir un debate obligatorio: Chile necesita una nueva Constitución. Chile ha cambiado. Es un hoy un país más complejo, un país que ha crecido y se ha diversificado. La sociedad chilena también ha experimentado muchos cambios. Es entonces importante abrir este debate no sólo por la necesidad de profundizar y perfeccionar nuestra democracia y reconocer a nuestros pueblos originarios, sino también para lograr, con mejores herramientas, el desarrollo social, cultural, científico y económico que nuestro país requiere y este país merece.
Hay una prioridad que no puede seguir siendo postergada: dar un gran salto en la modernización del Estado para liberar la fuerza y capacidad creativa de nuestras regiones, muchas veces maniatadas por procedimientos y visiones centralistas que sencillamente no son compatibles con el mundo en que vivimos. Debemos avanzar ahora para darle más poder y autonomía a las regiones, para que sean los propios ciudadanos quienes elijan a sus intendentes y gobiernos regionales.
 
VI. Frente a este nuevo mundo que emerge, el Senado debe fortalecer la participación en los temas relevantes, en los grandes debates y en los nuevos desafíos. Existe un creciente divorcio entre la política y la posibilidad de los ciudadanos de incidir y decidir en la solución a los problemas cada vez más complejos de la humanidad. No hacerse cargo de esto significa perder una gran oportunidad para Chile y dejar a otros tomen estas decisiones y con ello se desvaloriza aún más el rol de la política.  Estoy seguro de que estarán de acuerdo conmigo en que este es uno de nuestros más urgentes y principales desafíos.
 
VII. En estos días hemos sido testigos de cambios en otras latitudes. Hemos visto una nueva sociedad  que emerge al margen de los partidos políticos e instituciones. La globalización ha puesto ante nuestros ojos el sacrificio de un joven de 26 años, licenciado en informática pero cesante, que vendía frutas y verduras en un perdido pueblo de Túnez. Un joven que se inmoló reclamando su derecho al trabajo, a una vida digna, y originó un proceso que no sabemos cómo, dónde ni cuándo terminará; una auténtica revolución que echa abajo estructuras arcaicas que, con la complicidad y silencio de muchos, tendían a perpetuarse y reproducirse sin que nadie en el mundo occidental dijera nada.  Hoy los vientos libertarios del Sahara soplan con fuerza y llevan esperanza a los jóvenes de otros países sometidos. Esperamos que ésta sea la impronta del siglo XXI: más libertad, más igualdad para los pueblos.
 
 
VIII. Estos cambios también tienen su expresión en Chile. La rebelión de Punta Choros y la movilización social en Magallanes fueron expresiones de  una ciudadanía que despierta y se organiza al margen de los partidos  políticos y de las instituciones tradicionales.Cada vez más los chilenos se sienten distantes de la política, de sus instituciones y de sus representantes. Si bien es un problema planetario, no hay justificación para dejar de enfrentarlo. Debemos asumir nuestras responsabilidades.
Hemos presenciado un traspaso sistemático de la responsabilidad pública al sector privado. La primacía de inversiones especulativas internacionales, las desregulaciones generalizadas, los grandes monopolios, la globalización de una economía planetaria sin freno y sin control de parte de los ciudadanos que los alejan de las decisiones y amplifican aspectos negativos del desarrollo, como  la crisis del 2008.
Una vez que dejamos de valorar lo público, la señal es que lo único que importa es la fuerza individual de cada cual y sus propias capacidades. Se  destruyen las solidaridades tradicionales sin crear otras nuevas, se siembran sentimientos de malestar, se multiplican las soledades individuales, a pesar de una situación de bienestar.
Todo ello nos obliga a repensar nuestra relación con la ciudadanía y a la necesidad de buscar los caminos necesarios para restablecer la sintonía entre el Senado y la gente. Tenemos que ser socios con los movimientos sociales, tramitar proyectos de iniciativa popular y ciudadana, llevar el Senado y sus comisiones a los pueblos y regiones, realizar seminarios conjuntamente con la sociedad civil y el sector privado  en temas de interés colectivo o que se están debatiendo en el Parlamento. Tenemos que constituirnos en un Senado que da una clara señal de estar comprometido con los intereses de los ciudadanos por sobre cualquier otro interés corporativo, empresarial o sectorial. Un Senado cercano que escucha a la gente. Un Senado que ponga en acción y permita concretar los cambios que demanda la sociedad.
 
IX. Pero la crisis que asistimos, no es solo de participación. Los cambios que estamos viviendo a nivel planetario no tienen equivalente en la historia de la especie humana. Hoy el ser humano, a través de la biotecnología, está a las puertas de poder participar en la fabricación de la vida, de poder realizar un nuevo génesis artificial de laboratorio,  abriendo la posibilidad de crear una nueva humanidad artificial.El futuro de nuestra sociedad está inevitablemente ligado al desarrollo científico y tecnológico y en relación a quienes toman las decisiones respecto a ese futuro. Por ello que nos preocupa la separación que hoy existe entre la ciudadanía, la política,  la ciencia y el conocimiento. La discusión sobre quién controla y cómo se gestionará el acervo genético y si este será patrimonio de la Humanidad o propiedad privada, serán discusiones fundamentales en adelante. Renunciar a ser protagonista en estos debates  es renunciar al futuro y a nuestra responsabilidad de representar el interés de los ciudadanos. Un parlamento que no decide sobre los desafíos que cada época plantea se hace cada vez más irrelevante.
Estas tecnologías podrán ser útiles para la humanidad o serán vehículos para profundizar las brechas de desigualdad que hoy existen.
La tecnología digital, el conocimiento y la ciencia (con la biología de síntesis y la nanotecnología), tendrán un papel equivalente al del  petróleo en el siglo XX: las bases de la nueva economía del siglo XXI. Por eso les propongo construir una alianza, con universidades y centros de investigación, con  científicos chilenos e internacionales,  que proponga, revise y nos actualice en estas materias. Para avanzar en ello podemos consultar las mejores experiencias de colaboración entre parlamentos y mundo científico para discutir temas de gran complejidad y de impacto en la sociedad.
Creo que una tarea ineludible de nuestro parlamento debe ser generar los instrumentos para que los ciudadanos accedan a la información y al conocimiento científico que les permitan participar y, en definitiva, democratizar esta conversación.
 
X. Nuestro gran artista y pensador, Roberto Matta, de quien celebramos en el próximo mes de noviembre el centenario de su nacimiento, fue  autor de uno de los primeros manifiestos ecologistas al señalar: “La Tierra, al igual que un hombre, se puede enfermar, y si se enferma, la Tierra  puede morir”. El cambio climático, junto al calentamiento global, la desaparición de las especies, la contaminación de los mares, los desechos industriales, la disminución de las reservas forestales,  nos deben hacer meditar respecto del modelo de desarrollo aplicado en las últimas décadas en todas las latitudes.
Este modelo se funda en la concepción de un crecimiento económico ilimitado que no asume que nuestros recursos naturales y ecosistemas son frágiles y finitos.
En este contexto, es urgente que nuestro parlamento colabore al desarrollo de energías renovables, energías limpias.
Todas las civilizaciones se han destacado por el uso preferente de un tipo de energía. Nosotros somos la civilización del petróleo.
Quienes lo han controlado  han tenido un poder incontrarrestable. Nunca en la historia de la humanidad había existido una civilización en que el poder estuviera concentrado en tan pocas manos.
La era del petróleo está llegando a su fin y se abre una puerta de esperanza para una nueva civilización energética que disminuya la amenaza de destrucción del planeta, que aminore la desigualdad entre ricos y pobres y sea más respetuosa de la vida.
Hagamos entonces el mejor negocio de Chile. Apostemos a ser líderes mundiales en energías limpias.
Tenemos el desierto más irradiado del planeta. En momentos en que la energía solar se expande en todos los continentes y países desarrollados ¿cuántas plantas solares hemos levantado en Chile?
Tenemos más de 4 mil kilómetros de Océano Pacífico, y cada día se avanza más en las tecnologías para producir energía sobre la base de las mareas y las olas. ¿Qué investigación estamos efectuando en ese plano? Agreguemos más preguntas: ¿Cuantos parques eólicos hemos construido en una geografía expuesta al viento?  La Patagonia,  uno de los mayores atractivos turísticos y patrimonios naturales del mundo ¿debe ser alterada? 
Chile, uno de los países más sísmicos del planeta, donde se han registrado 2 de los movimientos telúricos más grandes de la historia de la humanidad, ¿debe iniciar la construcción de  centrales nucleares? El terremoto que sacudió Japón hace pocos días ha arrojado lecciones dramáticas sobre el uso de la energía nuclear en un país sísmico. Y más allá del riesgo inherente a su uso en Chile, ¿vamos a legar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos depósitos de basura nuclear?
Por las futuras generaciones, debemos avanzar en un acuerdo nacional sobre una política energética para Chile.
 
XI. Otro de los cambios vertiginosos que estamos presenciando es la revolución digital. Las comunicaciones inmediatas  pasaron a ser de uso masivo. Se multiplican las vías para acceder a la información y se desarrollan mecanismos en la construcción del conocimiento que nunca imaginamos. Integrarnos a la sociedad del conocimiento es una gran tarea. Hay quienes creen que el mercado por sí solo lo puede hacer. Sin embargo, estamos ante la posibilidad de una segunda brecha en el uso de la tecnología digital. El camino de la equidad deberá también librar batallas en este terreno.
Al igual que en otros ámbitos, necesitamos un Estado que asuma la tarea de llevarnos hacia un futuro digital; este debe ser un gran esfuerzo colectivo donde el Senado no puede estar ausente.
 
XII. La grandeza de la política se ve en los compromisos y el resultado de sus actos y decisiones. No debemos nunca olvidar que hay millones de chilenas y chilenos que esperan  de nosotros soluciones.Este año, el 4 de julio, celebraremos los 200 años transcurridos desde que se inauguró el primer Congreso Nacional de Chile,.
Hoy el Senado debe otorgarle un nuevo sentido y proyección a su quehacer en pos de un Chile mejor para todos.
 
Muchas gracias.

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