“Coludirse es muy grave,
pero hacerlo con los medicamentos
es criminal”

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Por una opción Progresista y Ciudadana, una nueva Concertación

Publicado el 21/05/2010 | 0

El vicepresidente del PPD, Guido Girardi hace una carta abierta a la ciudadanía y los militantes de su partida, donde analiza las razones de la derrota electoral como así cuáles deberían ser los énfasis que permitan reencantar a la ciudadanía y volver a ser una mayoría progresista.

La Concertación no perdió la elección por desorden o porque no fuimos capaces de dar a conocer nuestra obra, como algunos han sostenido, perdimos porque no nos dimos cuenta de que cumplimos un ciclo, mayoritariamente de éxitos. No nos dimos cuenta que las ideas de ayer quedaron obsoletas o cumplieron su objetivo, que la sociedad chilena había cambiado, que esta misma sociedad que transformamos, hoy día tenía nuevas y más exigentes aspiraciones. La Concertación fue un proyecto fundamentalmente democratizador, sin embargo, no terminó con la desigualdad que hoy existe en Chile. No nos dimos cuenta que después de 20 años la sociedad chilena estaba madura para avanzar mas decididamente en el gran desafío de cambiar el modelo de desarrollo por uno más inclusivo, más justo, más sustentable y construir una sociedad de mejor calidad.

Una coalición sin ciudadanía
Perdimos porque una parte de la Concertación, una elite, se apropió de ella y tomó decisiones sin representar a la mayoría del mundo concertacionista, de los partidos y de la ciudadanía. Esta elite le dio la espalda a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las organizaciones ciudadanas, a las organizaciones de Derechos Humanos, ambientalistas, indígenas, etc. El movimiento sindical, aliado estratégico de la Concertación y fundamental en la derrota de la dictadura, fue tratado como adversario y menospreciado, llegando incluso a situaciones extremas de descalificaciones como el último paro de la ANEF, que algunos de nosotros públicamente apoyamos y respaldamos. Uno de los casos tal vez más emblemático, doloroso y que más costos ha tenido para la Concertación y que nos hizo perder al menos 100.000 votos, fue el rechazo de esta elite conservadora al reconocimiento de la deuda histórica de los profesores chilenos, esto no fue sólo un agravio para este gremio, sino un desprecio por el rol de los profesores en la historia de Chile y un nuevo golpe a la educación pública.
Algunos ministros, al ser requeridos por estas organizaciones, se negaron a recibirlas manifestando una marcada distancia con ellas. Fue así como estas y otras prácticas, hicieron que se instaurara una concepción de la política donde unos cuantos tecnócratas tomaron decisiones sin consultar a los que se suponían eran objeto y sujeto de éstas: los ciudadanos. Esto se vio agravado por la centralidad que tuvieron los ministros de Hacienda, y las visiones economicistas que tenían un poder sin contrapeso en todos los gobiernos de la Concertación.
La Elite se acomodó a la visión neoliberal conservadora y claudicó en la defensa de las banderas del progresismo
Esta elite minoritaria llevó a la Concertación a una progresiva renuncia de sus principales banderas e identidades.
A pesar del movimiento de los pingüinos, que tuvo planteamientos claros respecto a poner fin al lucro, al financiamiento compartido, un rechazo a la exclusión y a la selección, no se defendió con decisión la educación pública y por el contrario, se priorizó el respaldo a la educación privada subvencionada, a través de una iniciativa legal, la LGE, que terminó siendo el acuerdo entre una parte de la Concertación y la UDI, donde de manera festiva se levantaron sus manos en un acuerdo que evidentemente satisfacía más los intereses y valores de la Derecha que los del mundo progresista. Muchos de nosotros rechazamos esta iniciativa en el Congreso, donde dimos una señal clara votando en contra de esta ley.

También, hubo un rechazo absoluto, a pesar de nuestras continuas insistencias, a a lo menos abrir el debate para tener una política tributaria más justa y equitativa, que permitiera que el país tomara el camino a un desarrollo con mayor justicia social. Fue imposible discutir el aumento del impuesto a las utilidades de las empresas y del royalty a la minería, sector que por lo demás este año repatriará la vergonzosa suma de US $30 mil millones en utilidades casi sin pagar impuestos, constituyendo una verdadera violación a nuestra soberanía nacional, en que la renta de los recursos naturales no se invierte para construir una sociedad de mejor calidad.

Intentamos, como fue de público conocimiento, en la primera vuelta presidencial, que nuestro abanderado Eduardo Frei levantara esta propuesta, pero nuevamente, los mismos sectores conservadores de la Concertación lograron abortar esta iniciativa. Debate que hoy,  paradojalmente se ha abierto por la propia Derecha, como se dice popularmente, en esta materia, fuimos mas papistas que el Papa, o estuvimos más a la derecha que la propia Derecha.

No hubo una clara defensa de los pueblos originarios. En el año 2006 algunos senadores promovimos una ley para prohibir la aplicación de la ley antiterrorista en causas de reivindicación de pueblos originarios. No sólo no contamos con el apoyo para ello, sino que a pesar de nuestro rechazo e indignación, esta se continuó aplicando a las comunidades mapuches.

En materia ambiental, propusimos fortalecer nuestra institucionalidad ambiental creando un Ministerio del Medio Ambiente que garantizara que en Chile primara el derecho a la vida y la salud, por sobre los intereses económicos y la propiedad privada, pero -a pesar de nuestras gestiones- se prefirió llegar a un acuerdo privilegiado con la Derecha, en pos de una Ley que no garantiza los standards que el país necesita para la defensa del Medio Ambiente y la Salud.

Cuando se intentó reformar el sistema de AFPS, al cual se le introdujo un pilar solidario, que representó un gran avance para las personas que no tenían ninguna o muy bajas previsiones, no logramos reformar esta industria que seguirá teniendo excesivas utilidades a expensas de la seguridad social de los chilenos, seguirá cobrando comisiones que son vergonzosas, y seguirá teniendo un poder político y económico excesivo. Esta reforma llevaba el compromiso del ministro de Hacienda de enviar un proyecto de ley para crear una AFP estatal, compromiso que se suscribió y se firmó por todos los partidos de la Concertación y dicho ministro; a pesar de ello, terminó el gobierno y nunca se envió el proyecto de ley.
 
Una de las últimas iniciativas que simbolizan estas renuncias a las ideas progresistas, fue la Ley de Pesca, que buscando apoyar a las grandes empresas del salmón, propuso una Ley, un verdadero traje a la medida de los grandes empresarios, que no considera a los pequeños y medianos empresarios del sector. Esta Ley privatizó el mar del borde costero chileno, permitiendo que las concesiones de mar y costa -que hoy son bienes nacionales de uso público- pudiesen ser utilizadas como garantía e hipotecas que estas empresas  pueden dejar ante los bancos, para así, garantizar sus créditos. Ante esto no solamente votamos en contra, sino que interpusimos un requerimiento, junto a los sindicatos de pescadores, ante el Tribunal Constitucional.

Chile es el único país del mundo en que el agua es propiedad privada y no un bien nacional de uso público. Tenemos además la segunda reserva mundial de agua dulce en la patagonia chilena, pero paradojalmente el 93 % pertenece a Endesa de por vida, a pesar de no haber pagado un peso por ella. Presentamos un proyecto de “Nacionalización del Agua” que no consiguió el apoyo político necesario, a pesar de ello, con un sin número de organizaciones lideradas por el obispo de Aysén Luis Infanti, iniciamos una campaña para recolectar un millón de firmas para apoyar esta iniciativa.

Necesidad de incorporar los desafíos de futuro.
         Si bien la Concertación logró avanzar en la reducción de la pobreza, y fue exitosa en muchos ámbitos, no logró derrotar la profunda desigualdad que existe en Chile en materia de distribución del ingreso. Pero también el desigual acceso que tienen los chilenos a una educación y salud de calidad, son desafíos que, entre otros, permanecen aún pendientes.

Nos faltó enfrentar las nuevas desigualdades y los nuevos desafíos que nos ofrece el futuro, como por ejemplo avanzar en la era de la conectividad digital, el acceso a la Internet, que éste fuera un servicio básico como la luz y el alcantarillado, y no un privilegio de unos pocos.  Para que esto se materialice, es necesario que exista una infraestructura pública digital, de responsabilidad del Estado, que instale fibra óptica de Arica a Punta Arenas, alcanzando el 100% de las ciudades y poblados del país. El Internet debe ser una de las tecnologías que más adeptos tiene en el mundo de los jóvenes, por lo tanto comprender y ampliar los derechos en este ámbito es una tarea fundamental del progresismo, es necesario establecer la neutralidad en la red, que los proveedores de Internet no discriminen ni excluyan contenidos, que efectivamente estén obligados a prestar los servicios que ofrecen, y no ofertar 15 megas para que el usuario reciba sólo dos.

Se acerca el fin de la civilización del petróleo por el agotamiento de este. Chile tiene el desierto más irradiado del planeta, el 10% de las reservas de la energía geotérmica del mundo, las mejores corrientes marinas para el desarrollo de las energías mareomotrices. Es fundamental, entonces, privilegiar el desarrollo de estas energías que son propias, que nos darán autonomía, que son seguras, que son limpias. Y no como está pasando hoy día, que persiste el desarrollo de grandes megaproyectos, como las termoeléctricas a carbón, que proliferan por todo el país, y que constituyen un verdadero crimen ambiental; o el apoyo a otros megaproyectos como HidroAysen, que generarán un daño irreparable a uno de los ecosistemas más impolutos, más puros del planeta, y que sólo busca aumentar la concentración económica de Endesa y Colbún, y maximizar sus utilidades;  o la insistencia de algunos en el desarrollo de tecnología nuclear, la más cara, la más riesgosa – porque aún todavía no es posible tratar los residuos – y la que menos se adecua al perfil sismológico de este país.

En el mundo entero existe cada vez más consciencia de que el agua es el recurso más escaso y valioso del futuro – de hecho ya un litro de agua envasada vale lo mismo que un litro de combustible – y la tendencia mundial es que las sociedades recuperen el derecho y la potestad sobre el agua. Privatizar el agua hoy es privatizar la vida. Ya la ONU está planteando que producto de la escasez del agua, este será un recurso estratégico a futuro, y que los 40 litros primeros litros de agua deben ser considerados un derecho humano garantizado para todos y por lo tanto, gratuito. En cambio, en Chile, somos el único país del planeta en que el agua es propiedad privada, teniendo una tremenda riqueza, paradojalmente le pertenece a una transnacional. Hoy en Chile cientos de comunidades indígenas están siendo expulsadas de su territorio porque no tienen agua, las mineras y grupos económicos se están apropiando de este recurso, y miles de campesinos ya no pueden cultivar sus tierras, ni siquiera tienen agua de bebida. ¿Qué quiere decir ser progresista o de izquierda en estos temas? Temas respecto a los cuales en Chile ni siquiera se discuten.
La economía del silgo XXI es la biotecnología. En un futuro próximo el 100% de los medicamentos, una parte importante de los alimentos, y las futuras energías serán producidas por microorganismos vivos, modificados genéticamente. Esto depara problemas éticos en relación a los límites de este “progreso”.  ¿Seremos partidarios de las clonaciones de organismos completos, de seres humanos? ¿será posible que se acepte que los genes, las líneas celulares, los tejidos, los órganos – que son un patrimonio de la vida y resultado de la evolución – algunos los puedan patentar como si fueran propiedad privada? ¿estaremos de acuerdo con las nuevas tecnologías que permitirán juntar en un mismo organismo un componente de máquina a partir del silicio con DNA proveniente de seres humanos?. Hoy día el ser humano puede construir una nueva génesis, nuevos seres vivos que no existen, pero no a través de la evolución, sino en forma artificial. ¿Qué quiere decir ser progresista, en relación a estos temas? Estos grandes desafíos de futuro ni siquiera forman parte de nuestra agenda.

         Todas las ciudades de Chile están contaminadas, con niveles de material particulado donde la gran mayoría de las ciudades sobrepasan las normas de salud, producto de la falta absoluta de políticas en materia de desarrollo urbano y la supeditación a la especulación del uso de suelo y a las políticas de libre mercado. Esto tiene como consecuencia, falta de áreas verdes, falta de lugares de encuentro, ciudades poco amigables, sin infraestructura, y que hoy día generan no solamente ausencia de seguridad ciudadana, sino que como consecuencia de la contaminación, altísimos índices de enfermedades respiratorias, bronconeumonias, infartos, cánceres, malformaciones congénitas.

         Chile es de los países que tiene las tasas más altas de obesidad y sobrepeso en adultos y niños. Ya a los seis años, Chile tiene los peores indicadores del mundo en obesidad infantil. A los seis años, 23% de los niños tienen obesidad, de estos el 10% son hipertensos a los seis años, el 30% y tiene colesterol alto a los seis años, y la mitad ya son pre diabéticos, a los seis años. Si se suman obesos y con sobrepeso a los seis años, casi la mitad de los niños chilenos está en esta condición y en grave riesgo. En Chile todos los días mueren 300 personas por todas las causas, de éstas, 200 mueren por las llamadas enfermedades crónicas no transmisibles, infartos, accidentes vasculares, cáncer, diabetes, hipertensión, directamente asociadas al consumo de alimentos altos en sal, grasas y azúcar, obesidad y sedentarismo. De estos 300 diarios, cien mueren por infartos, accidentes vasculares y cáncer entre los 40 y 65 años, muertes que son evitables si cambiáramos los estilos de vida alimentarios y superáramos la falta de ejercicio que afecta a los chilenos. Esto es tal vez el principal problema de salud de nuestro país y que va a consumir a futuro, todos los recursos, todas las horas médicas y todas las camas, y no hacemos nada. ¿Está el mundo progresista dispuesto a poner esto como una prioridad? ¿estamos dispuestos a prohibir la publicidad y venta de comida chatarra en los colegios; a regular en el país los abusos que, al igual que las tabacaleras en el pasado, hacen con publicidad engañosa empresas como Mc Donald, Kentucky Fried Chicken y las grandes transnacionales de alimentos?. ¿Dónde están los debates sobre estos desafíos en nuestro mundo?

Existen innumerables problemas que afectan y afectarán a la sociedad chilena y mundial, y que definitivamente no son parte de nuestra agenda. Tal vez el mayor de todos es que la especie humana, producto de la visión antropocéntrica y la falta de valoración de su pertenencia al conjunto de los eres vivos, está al borde de generar una sexta extinción masiva de la vida en el plantea. Las cinco anteriores fueron por grandes asteroides, glaciaciones, por calentamientos extremos, pero esta será la primera producida por una especie viva, que se suponía era la más inteligente, la única que valoraba la belleza, tenía consciencia y una visión espiritual.

         Se requiere refundar una nueva fuerza progresista que vuelva a ser mayoría en la sociedad chilena.
En la primera vuelta perdimos primero, porque a pesar de que la  sociedad chilena hoy es más progresista que ayer, triunfó la Derecha. Paradojal. Hoy cada vez más chilenos son partidarios de la distribución de la píldora después, de los derechos de los homosexuales, de una mayor defensa del medio ambiente, de la protección de los derechos de los pueblos originarios. Hoy más chilenos tienen la convicción de que Chile necesita una carga tributaria más justa para construir un país más equitativo y están en contra de los monopolios. Sin embargo, perdimos porque muchos chilenos no encontraron en la Concertación el domicilio de sus ideas progresistas ni representaba los cambios que aspiraban conquistar. No encontraron en la Concertación la voluntad de establecer una fuerza transformadora para construir una sociedad más igualitaria, libre y tolerante. No encontraron en la Concertación una fuerza política y cultural que quisiera ser socia de los movimientos sociales y ciudadanos para construir, entre todos, un Chile más justo. Por ello, muchos chilenos buscaron estas respuestas fuera de la Concertación.

La Concertación surgió como un gran movimiento ciudadano de hombres y mujeres que querían reestablecer en Chile la democracia, el respeto por los derechos humanos, y la posibilidad de construir una patria justa y libertaria. La Concertación en sus orígenes reflejó un espacio político cultural que tenía claros valores de identidad progresista o de centro izquierda, que fue lo que finalmente dejamos de representar. Se perdió la fidelidad con el mundo cultural con que se vinculaba. Mientras las sociedades buscan proyectos con identidades claras, nosotros hicimos todos los esfuerzos para diluir nuestra identidad, para disminuir nuestras diferencias con la Derecha, al punto de que la frontera con nosotros se hizo frágil, casi indistinguible para la mayoría de los chilenos, y permitió que muchos no percibieran que conteníamos una propuesta que convocaba a un país distinto del que proponía Piñera, a quien se le permitió en esta falta de diferencia e identidad, dejar de lado las verdaderas y tradicionales ideas de la Derecha, y camuflarse con una franja que más bien parecía la campaña del NO, en que se apelaba a su origen demócrata cristiano y donde permanentemente se reiteraba que en el plebiscito había votado por el NO contra la dictadura de Pinochet, y por lo tanto, sugerir que él era casi lo mismo que la Concertación, pero más joven, con más iniciativa y menos desgaste.

          Es tiempo de volver a reconstruir, DESDE LA CONCERTACIÓN, una gran fuerza que vuelva a ser mayoría, que represente a la ciudadanía progresista que es mayoría en Chile. Sin una gran fuerza progresista no habrán cambios.
Lo que fue derrotado en la última elección, fueron las visiones conservadoras que una elite transversal a todos los partidos impuso al conjunto de la Concertación. Refundar una nueva fuerza progresista implica que los sectores progresistas que son mayoritarios en la Democracia Cristiana, en el partido Socialista, en el PPD y el partido Radical, asuman la tarea de reponer una agenda transformadora, y convoque a una refundación de la Concertación, que debe hacerse con todos, desde los cuatro Partidos de la Concertación, SIN EXCLUSIONES, sin regalarle la DC a la Derecha, pero entendiendo que esta nueva Concertación sólo podrá crecer si logra volver a convocar a los miles de chilenos y chilenas que en la última elección dejaron de respaldarnos.

Recuperar el PPD para Chile y para refundar una nueva coalición.
Este es el tiempo de recuperar el PPD para que vuelva a ser la fuerza del cambio. Que vuelva a ser el PPD el partido que innova en la política chilena, que abre el debate sobre los nuevos temas, sobre los desafíos de futuro. Que camina junto a los movimientos sociales.
Cambiar las prácticas en el PPD:
La práctica de la Coherencia con las ideas.
Nos parece importante que al momento de enfrentar la elección del PPD, se evalúe quiénes son los que verdaderamente se la han jugado por encauzar los debates para construir una sociedad más progresista; quiénes desde hace una veintena de años vienen luchando incansablemente por una nueva Constitución, por el respeto al medio ambiente, la lucha contra los abusos de las AFP, la protección de los pueblos originarios, una carga tributaria más justa, la defensa de los trabajadores, una AFP estatal, la nacionalización del agua, Internet para todos, la píldora del día después, entre tantos otros temas.

La práctica de incluir y valorar el aporte de los ciudadanos.
Les pedimos que evalúen quienes, desde el inicio del PPD hemos sistemática y permanentemente trabajado de la mano de los movimientos sociales como Patagonia sin Represas, Movimiento contra Pascua Lama, Movimientos Sociales de Defensa de los Cisnes en Valdivia, Asociación de Deudores de Cheque en Garantía, movimientos indígenas, Agrupación de Defensa de los Animales, agrupaciones de blogueros, sindicatos, colegios profesionales, en definitiva, con la sociedad civil. Y por otra parte quiénes han hecho política en forma burocrática y sin diálogo con la ciudadanía.

La práctica del compromiso permanente con las bases.
No nos parece que quienes a pesar de haber sido dirigentes del PPD, parlamentarios, funcionarios de gobierno y que a veces, por primera vez visitan el partido y las regiones, cuestionen a quienes siempre hemos construido PPD siempre, a quienes permanentemente hemos acompañado a la militancia en sus luchas sociales, a quienes  hemos recorrido Chile planteando los problemas ambientales y de contaminación, defendiendo derechos ciudadanos, participando en escuelas de capacitación, apoyando a candidatoas a alcaldes, concejales y diputados. Se cuestione a los que cada vez que la militancia ha pedido apoyo hemos estado presente, y que como consecuencia de ello, hemos visitado en innumerables oportunidades hasta el último rincón del país donde existe Partido por la Democracia.
Por un Partido más ciudadano y descentralizado.

Uno de los principales desafíos de la política es modificar los instrumentos partidarios, éstos responden a un mundo y una sociedad que ya no existe; responden a un tiempo en que los partidos conducían la sociedad y tenían el monopolio de la verdad y de la dirección que debían tener los cambios. Hoy cada día más los partidos tradicionales tienen menos capacidad de convocatoria. La sociedad no les conferirá nunca más el monopolio de pensar desde ellos mismos, sin participación, el mundo que viene. Tenemos que construir un instrumento de participación política abierto, sin fronteras, que escuche, que se asocie con los movimientos ciudadanos, y que entienda que la tarea fundamental hoy es la representación de aquellos chilenos que comparten nuestras visiones y valores progresistas. El rol de los partidos modernos es ser la voz de quienes no tienen voz, y de entender que su compromiso fundamental es con la gente, y que los debates que antes se hacían a puertas cerradas dejen de ser de monopolio exclusivo de los partidos, de los gobiernos, del parlamento, y se trasladen a la sociedad.
Quienes levantamos esta propuesta, lo hacemos con legitimidad, porque fuimos los primeros que en Chile hablamos de partidos ciudadanos. Cuando fui presidente del PPD el año 2000, fuimos pioneros en Chile en la conformación de los concejos ciudadanos, donde convocamos a líderes ciudadanos independientes, premios nacionales de ciencia, filosofía, líderes religiosos, indígenas, sindicales, ongs, animalistas, empresarios, homosexuales, travestis, ambientalistas, etc. Existía un compromiso formal por parte de la dirección del PPD, de hacer suyas y poner en acción, las decisiones que tomaba el concejo ciudadano. A fines de los ochenta, fuimos protagonistas en desarrollar en el PPD la militancia temática, particularmente en materia ambiental, y que denominamos la línea verde o la “casa verde”, donde no solamente capacitamos a lo largo de Chile a miles de personas en relación a la ecología y defensa de los derechos ambientales, sino que muchos de estos fueron militantes del PPD pero sólo en el ámbito que correspondía al propósito ambiental, lo que fue una total innovación en esos años y lo sería aún todavía. Por eso es que soy partidario de proponer la urgencia de un congreso de organización que reformule el rol y carácter del partido, donde podamos construir un instrumento político de recuperación de los diversos intereses ciudadanos que promueven valores progresistas. Que el PPD sea el espacio donde convergen los movimientos ambientalistas, animalistas, blogueros, movimientos indígenas, homosexuales, Pymes, sindicatos, colegios profesionales, estudiantes,  enfermos en listas de espera,  deudores de cheque en garantía, entre otros. Es decir un partido que convoque a aquellos ciudadanos y grupos que estén por la igualdad, la libertad, la tolerancia y la construcción de un Chile más justo. Pero esto respetando el contexto de cada región, que valore los territorios y sus comunidades; un partido efectivamente descentralizado que se construye desde las diferentes realidades locales en forma autónoma, una federación  de diversos partidos-movimientos PPD de regiones.

El PPD tiene que enriquecerse con los liderazgos, prácticas y contenidos de los movimientos sociales; escucharlos, aprender de ellos y llevar adelante sus propuestas. El PPD deberá ser la expresión política de estos movimientos ciudadanos; su representación parlamentaria en el Congreso a través de iniciativas populares de ley que ellos propongan; y la representación de defensoría de sus derechos en tribunales.
 
Las decisiones que debemos tomar no sólo tienen que ver con decisiones de género o edad, sino fundamentalmente con reponer un PPD progresista, que nunca más vacile o dude en defender una agenda progresista, que nunca más vacile en defender la educación pública, el aumento justificado de los impuestos y tantas otras banderas a las que en el pasado renunciamos.

Hoy estamos frente a una disyuntiva: una visión continuista, conservadora, sin ciudadanía, que se acomodó a una visión neoliberal que no representa a la ciudadanía progresista ni al pueblo concertacionista, o defender una coalición que tenga una agenda con vocación claramente transformadora, que recupere su vínculo con los movimientos sociales y no renuncie nunca más a la posibilidad de cambiar y transformar Chile.

Quiero compartir con ustedes, ideas que están en este documento que les adjunto, que no son fruto de una reflexión de última hora, sino que elaboré el año 2008, al inicio del debate presidencial. En ese entonces ya planteábamos frente a la pregunta de quién sería nuestro abanderado, lo importante eran las ideas y no los candidatos. Esto sigue hoy más vigente que nunca. Lamentablemente esta reflexión estuvo ausente en la Concertación ya que la elite conservadora que dirigió la Concertación impidió su discusión, y hoy el PPD y todos los sectores progresistas de los partidos de la Concertación tienen la obligación y responsabilidad de volver a poner en el centro del debate.

Un abrazo,

Guido Girardi.
Por una opción Progresista y Ciudadana, una nueva Concertación

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