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Guido Guirardi: “El centro político no existe”

Publicado el 30/01/2012 | 0

El presidente del Senado cree que la DC debe, al igual que el resto de los partidos de la Concertación, repensarse en función de las demandas de cambio de la ciudadanía. Está convencido de que sólo la construcción de un bloque progresista que integre los movimientos sociales puede volver a representar los intereses de la gente. Y asegura que el potencial de Bachelet es insuficiente sin un nuevo proyecto. Aplaude el acuerdo DC-RN, pero espera reciprocidad de sus socios.

Por Cony Stipicic

El presidente del Senado, Guido Girardi, se da una vuelta larga para explicar lo que, a su juicio, está pasando con la política y la sociedad, y a partir de eso, plasmar los cambios que él apuesta a construir. Sostiene que estamos viviendo el fin de una era. Que están en crisis la civilización del petróleo, la del pensamiento lineal que no entiende las nuevas complejidades y las instituciones del siglo XX. Todas -partidos, Parlamento, Estado, universidades- están obsoletas, dice, porque miran desde las especificidades y no generan una nueva manera de pensar ni representar.

¿La Concertación dejó de representar a su mundo?

La Concertación pierde porque no es capaz de representar a su mundo. Es un proyecto que tiene legitimidad pública y una valoración importante en tanto proyecto democratizador y restaurador de los derechos humanos, pero no logra comprender ni incluir la profundidad de la demanda de cambio. En la última elección, no fuimos capaces de poner los grandes temas de debate, los colocó la gente: educación pública, una carga tributaria más justa, pueblos originarios, medioambiente, etc. La Concertación se acomodó al proyecto neoliberal y lo hizo suyo, e incrementó solamente políticas sociales compensatorias, sin voluntad de transformaciones más profundas.

Usted sostiene que hay un desplazamiento de la sociedad hacia la izquierda. ¿Cuál es la evidencia? Porque también hay muestras de que la gente valora aspectos de la economía de mercado.

Los síntomas vienen desde hace rato. Está en crisis el neoliberalismo deshumanizado, de un mundo que desprecia a la persona y el bien común. Esa mirada tiene a la humanidad en crisis, con la sensación de disputa, aislamiento, angustia y sin sentido de pertenencia. Esa sociedad busca ahora reponer una civilización distinta, con valores fundamentales. Cómo uno se explica que 200 mil jóvenes vayan a marchar por la Patagonia si no la conocen; ahí aparece una demanda ética. Cómo entender que miles de familias se vuelquen a las calles, en distintos lugares de Chile, para defender la educación pública como un derecho. Los procesos de cambio y sus contenidos vienen ahora de la sociedad, y eso modifica la relación de los partidos.

¿Imagina una Concertación más verde y más roja?

No, me imagino una nueva manera. Los partidos deben aumentar su diversidad y el diálogo con los movimientos sociales. Por eso, más que unir siglas partidarias hay que volver a tener un diálogo horizontal con la gente. El rol de la política hoy día es de representación.

¿Cómo se proyecta eso en lo político, en la conformación de la coalición y la búsqueda del poder?

Ya en 2010 yo planteé que nosotros no habíamos perdido la elección por culpa de la DC ni de Eduardo Frei; ellos hicieron su trabajo, en el sentido de representar a una franja más conservadora de este electorado que votaba por la Concertación. Pero los que no fuimos capaces de contener ni defender el futuro, de comprender la magnitud y la profundidad del cambio, fuimos nosotros.

Eso explicó la irrupción de Enríquez-Ominami, Arrate y Navarro.

Mucha gente fue a buscar respuestas en la Concertación, no las encontró y las buscó afuera. Y esta coalición no fue capaz de ampliarse ni renovar su contenido y terminamos validando -por ejemplo- el proyecto neoliberal de educación. El acuerdo tras el movimiento de los pingüinos todavía nos cuesta caro. Actitudes como esa, con decisiones entre cuatro paredes, hicieron que los movimientos sociales nos sintieran como adversarios, y terminamos en crisis con nuestros aliados históricos: la CUT, la Confusam, la Fenats, el movimiento ambientalista, el indigenista.

¿Cómo se definen las alianzas en función de ese proyecto progresista?

Cada vez que he planteado la necesidad de que el progresismo colabore en articular a la sociedad chilena progresista que demanda un cambio, la DC nos ha criticado. Yo en cambio, no lo hago. Está bien que ésta cumpla su rol de expansión o de intentar representar a una franja más conservadora, no los critico porque creo que es lo que tienen que hacer. Ojalá eso sirva para entender que lo nuestro es equivalente. La posibilidad de construir mayorías no pasa por fusionar hacia la derecha. El mundo que viene es una sociedad, no sé si llamarla más de izquierda, pero claramente más progresista. La mayoría es partidaria de terminar con el binominal, de una nueva Constitución, de la educación pública, sin lucro y gratuita para los que no tienen capacidad de pago, de una normativa ambiental más potente, y la mayoría es partidaria de defender el medioambiente y los pueblos originarios.

Tiene una diferencia política con la DC, que sostiene que hay que recuperar el centro, más que crecer a la izquierda.

Es que yo pienso que el centro no existe. Es un concepto que tenía cierto sentido en el contexto del pensamiento lineal, que dividía, que creó justamente proyectos fundacionales, religiones políticas como el marxismo y el neoliberalismo. Los centros ahí tenían un lugar muy importante.

¿Y ahora?

Hoy día, cuando empiezan a actuar en agonía las ideologías, empieza a emerger una política de valores, y son éstos los que nos separan de la derecha. Y en esa bipolaridad se empiezan a disolver los tres tercios. ¿Qué es lo que quiere decir ser de centro en debates como el aborto o las células madre? Yo no entiendo. Lo que se inicia es una acción más conservadora o más progresista respecto de estos temas. No existe un sustrato de una sociedad “de centro”.

Sin centro, ¿qué rol juega la DC?

La DC tiene -como nosotros- la obligación de repensarse. Veo a una gran mayoría DC como parte de un proyecto progresista más blando, más compasivo.

Su definición implica la disolución de la DC o bien, que el progresismo termine por cooptarla. Por eso se sienten amenazados con su propuesta.

La Concertación fue rehén no de gente de la DC que imprimió una visión conservadora, sino de una transversalidad conservadora presente en todos los partidos, que se acomodaron a proyectos neoliberales, que no tuvieron ganas, fuerza, convicción o voluntad de defender las banderas del progresismo. Para mí, la crisis de nuestro mundo nunca ha estado radicada sólo en la DC, donde hay gente con posturas mucho más avanzadas que otras personas que están en el PPD, el PR o el PS. Tenemos que rearticularnos para volver a recuperar legitimidad frente a la ciudadanía. Chile necesita nuevas instituciones y creo que con la DC podemos avanzar en una mirada más progresista. Debemos generar un chasís institucional de democracia directa, que permita canalizar esa energía ciudadana. O si no, esa gente va a estar en la calle. Y yo prefiero que esté institucionalmente comprometida con un proyecto país. En muchas materias no veo diferencias significativas con la DC. Por eso creo que hizo un aporte al plantear el término del binominal y un acuerdo con RN.

¿Lo suscribe?

Es un gesto valioso, desde el punto de vista simbólico, pero creo que es tarde. Hubiera sido posible hace algunos años, pero hoy la ciudadanía nos va a exigir no seguir parchando estas instituciones anacrónicas, sino elegir el mejor sistema. Y yo creo que el mejor sistema para Chile es el proporcional: si saca el 10% de los votos, entonces obtiene el 10% de la representación.

¿Bachelet es funcional al proyecto de nuevo progresismo? Podría también representar el fracaso de la Concertación.

Ella tiene una doble dimensión. Representa el mayor cambio cultural que hubo en los últimos 50 años. Su presidencia fue un proceso terapéutico, transformador en sus claves más profundas, que son el autoritarismo y el machismo. Y lo construye desde un código de cercanía. Eso explica el gran apoyo que tiene hoy, pero esa potencialidad, que es una condición necesaria, no es suficiente. Nadie, ni siquiera ella, podría volver a ser candidato si no hay un proyecto de cambio profundo.

Fue en su gobierno que se aplicaron muchas de las políticas que usted critica.

Por eso digo que hay una dimensión dual. Pero la gente le atribuye a la Concertación, más que a Bachelet, esa insuficiente capacidad de representar los desafíos. Ella tiene una inmensa oportunidad para dos desafíos: articular un gran proyecto de cambio y tener una política antineoliberal muy de fondo, que reponga el sentido común y los valores fundamentales.

¿Qué diferencias hay entre su propuesta y la de Ricardo Lagos de fusionar los tres partidos del bloque?

Es un aporte valioso, porque hace dos años algunos planteaban que había que mantener la Concertación tal cual. Pero creo que la suma de tres o cuatro partidos es todavía insuficiente. No resuelve el problema, tenemos que volver a construir un pensamiento de izquierda, reflexionar sobre nuestras instituciones. Hay que construir una política de alianza con los movimientos sociales, porque tengo la convicción de que el proyecto de cambio que no tenga la legitimidad de la ciudadanía, será visto como un mero acomodo del mundo político.

¿Cuánto espacio le abriría a Enríquez?

Lo debemos invitar a ser parte de este proceso, proponiéndole que pueda participar en la lista de candidatos a alcalde y en la parlamentaria. La invitación es considerando también que tiene todo el derecho de participar en una primaria de la oposición. MEO es un aporte en la reconstrucción de este mundo progresista. Y la tarea del PPD es esa rearticulación.

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