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pero hacerlo con los medicamentos
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Dieron a conocer los avances de la segunda generación de sistemas que vinculan la neurociencia y la robótica

Publicado el 02/12/2011 | 0

Los científicos Shimon Ullman y Pedro Maldonado efectuaron sus exposiciones en el contexto del Congreso del Futuro, evento organizado por el Parlamento de Chile, como parte de las actividades de celebración de su Bicentenario.

Bajo la interrogante “¿Hacia una co-evolución entre máquinas y seres humanos?”, los científicos Shimon Ullman y Pedro Maldonado analizaron los avances que se han desarrollado en el mundo en materia de inteligencia artificial y en la aplicación de la neurociencia ligada a la robótica, principalmente en el área de la salud.

El panel, desarrollado en el en el contexto del Congreso del Futuro, que forma parte de las actividades del Bicentenario, fue moderado por el doctor en neurociencia, Adrián Palacios, quien destacó en su introducción que, pese a los importantes avances realizados a nivel mundial en esta área, sigue siendo un desafío recrear la flexibilidad humana de pensamiento y/o sustituir a seres humanos en tareas complejas a través de maquinarias más sofisticadas y capaces de aprender.

La primera exposición estuvo a cargo del licenciado en matemática y física Shimon Ullman, quien se desempeña actualmente como profesor de Ciencia de la Computación y Matemática Aplicada en el Instituto Weizman, en Israel. Además, en el área de investigación, se aboca al estudio del sistema visual a través de las máquinas, el reconocimiento de objetos y el modelamiento cerebral.

Ullman indicó que la neurociencia y la ciencia de la computación han compartido intereses para poder comprender los procesos de creación de inteligencia en los seres humanos y derivar dicho conocimiento en la construcción de aparatos artificiales.

Resaltó que la inteligencia artificial ya está presente hoy y es utilizada en forma diaria en distintos usos, desde los buscadores en internet, hasta la creación de sistema automáticos de navegación de vehículos en carretera.

Precisó que, hoy, se avanza en una segunda generación de sistemas que vinculan a la neurociencia y a sistemas inteligentes, dentro de los cuales se incluyen dos ambiciosos proyectos: la creación de “compañeros robóticos”, de utilización doméstica; y el modelamiento de alta escala del cerebro humano, donde se combinan nuevos datos anatómicos.

En esta línea, valoró el avance que significó para el estudio de la actividad cerebral la aplicación del sistema de resonancia magnética. Explicó que dicha técnica, no invasiva para el ser humano, permite detectar qué áreas del cerebro se activan frente a un determinado estímulo o emoción.

Indicó que esta información ha permitido, por ejemplo, saber qué está viendo o sintiendo un individuo con sólo detectar las áreas activas de su cerebro; o realizar aplicaciones asociadas a la robótica, en donde se estimula una zona específica para lograr la movilidad de una prótesis.

En todo caso, el científico reconoció que aún se está lejos de poder lograr un sistema de inteligencia artificial que dé cuenta de la complejidad y amplitud del pensamiento humano, ya que los instrumentos actuales presentan sólo éxitos en dominios específicos de inteligencia.

Dijo no saber si la inteligencia artificial logrará en algún momento adquirir algún grado de conciencia de sí misma, pero estimó que en el futuro tendremos que aceptar convivir con máquinas cada vez más inteligentes que van a ser capaces de competir con nosotros y que, si se hace de la forma correcta, va a ser para el uso general de la humanidad.

Neurociencia, enfermedades y aplicaciones

Luego intervino el doctor en ciencia, Pedro Maldonado, quien es académico del programa de fisiología del Instituto Ciencia Biomédica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y quien ha contribuido en la promoción, investigación y educación de la neurociencia, principalmente en las áreas de neurociencia de sistema y desarrollo del sistema nervioso.

El profesor chileno destacó la importancia del estudio del cerebro, particularmente desde tres aspectos: abordar la creciente tendencia a la manifestación de enfermedades mentales en el mundo occidental; buscar aplicaciones en el mundo de la educación; y entender cómo este órgano nos hace particulares.

Luego, se abocó principalmente a informar sobre los avances en una nueva área de estudio dentro de la neurociencia y de la medicina, llamada “interfase de cerebro y máquina”. Los objetivos esenciales de esta gran nueva área de la ciencia es buscar una manera de reemplazar o complementar actividad motora o cognitiva perdida en situaciones patológicas, como por ejemplo, una persona que pierde un brazo o una pierna o que está paralizada”, precisó.

En todo caso, reconoció que esta ciencia puede implicar mucho más que el hecho que un cerebro humano pueda manejar un brazo, ya que nada impediría que también una persona pueda controlar un cuerpo completo en forma asociada a una máquina.

Dijo que una de las aplicaciones más simples se basa en actividades que el cerebro ya puede realizar. En esta línea, acotó, existen experiencias con el uso de sensores que se ponen externamente al individuo y que leen la actividad eléctrica del cerebro, permitiendo efectuar movimientos mecánicos en un sistema computacional, como un juego o un brazo robótico, sólo con el pensamiento.

Una segunda línea es transformar la actividad eléctrica en un comando motor en personas con parálisis total. Bajo la misma premisa anterior, los sensores, que son colocados en los cerebros, leen los impulsos eléctricos y los traducen en acciones, como abrir o cerrar una mano robótica o guiar un mouse para dibujar un círculo.

El doctor reconoció que aún resta mucho por avanzar en esta línea, particularmente en lo relativo a dar mayor fineza a los movimientos. Señaló que el problema radica en que no existe una retroalimentación adecuada para el cerebro, ya que, si bien se ha avanzado bastante en leer su actividad eléctrica, no se han obtenido el mismo éxito en tratar de “hablarle”, es decir, en activarlo para que efectúe una determinada acción. “Sólo en la medida que podamos lograr riqueza de estimulación vamos a poder tener riqueza de retroalimentación”, sentenció.

 

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