“Coludirse es muy grave,
pero hacerlo con los medicamentos
es criminal”

ÚLTIMAS ENTRADAS

“Cambiar el chasis de la sociedad”

Publicado el 18/06/2015 | 0

El senador del PPD fue al fondo de la “crisis de Chile”, que incluye “la falta de proyecto y pensamiento” país. Aseveró que la Asamblea Constituyente es una “oportunidad de recuperar la gobernabilidad” a partir de la ciudadanía.

Fue una conversación de 26 minutos en Radio Nuevo Mundo, del senador del Partido por la Democracia (PPD), Guido Girardi, con los analistas Patricio Palma y Juan Andrés Lagos. El parlamentario fue crudo y concreto. Habló de anacronismo y crisis de credibilidad del Congreso, los partidos políticos y las instituciones, de falta de diálogo, de ausencia de proyecto y pensamiento país, que lleva a que la ciudadanía sienta inútiles a las instituciones, cuando busca más participación, protagonismo y capacidad de decidir.

Girardi planteó la necesidad de “readecuar las instituciones, todo el chasis institucional económico, educacional, parlamentario, de los partidos políticos” de Chile.

Contrario a los que piensan que una dinámica constituyente pudiera afectar la estabilidad institucional del país, el senador del PPD sostuvo que “la Asamblea Constituyente es una inmensa oportunidad justamente para que esta ciudadanía, que está afuera del sistema, que se siente excluida del sistema, se vuelva a sentir incluida, sienta que es protagonista”.

Estos son extractos de los planteamientos y propuestas del Guido Girardi en el programa “De domingo a domingo, sin restricción”, en Radio Nuevo Mundo.

“Hay una obsolescencia de nuestras instituciones democráticas”

Pienso que Chile, como la gran mayoría de las democracias en el mundo, está viviendo una crisis. Muchas veces se piensa que son los problemas de probidad los que están detrás de la crisis, creo que en parte es así, pero sobre todo me parece que hay una obsolescencia de nuestras instituciones democráticas, que son instituciones que vienen emergiendo del Siglo XIX o XX, que tienen una cierta cultura, que son instituciones de pensamiento jerarquizado, son verticales.

Tenemos un Estado que es centralista, que mira desde lo sectorial, cuando los problemas son complejos. Tenemos partidos políticos que son verticales y que no están conteniendo las demandas de la nueva sociedad y de los movimientos sociales. Tenemos un Parlamento que tiene una cierta dosis de anacronismo respecto a la manera en la que se están formulando las políticas.

Me parece que este alejamiento que tienen los ciudadanos con las instituciones, con las élites, tiene que ver con que las élites se quedaron en el Siglo XIX y la nueva situación que está emergiendo es de una ciudadanía mucho más horizontal, mucho en red, mucho más colaborativa.

Es como la confrontación entre la enciclopedia británica, que era vertical, y el Wikipedia que es colaborativa. La economía del futuro va a ser mucho más colaborativa de contenido, o sea, ya no va a ser una economía del capital financiero.

Entonces, siento que lo que hay es una falta de comprensión de nuestras élites, y de todo el mundo político, respecto a una sociedad que cambió, y donde las instituciones no cambian, pero sí cambia la sociedad.

Las instituciones se empiezan a transformar en irrelevantes, y la gente ve que estas instituciones contienen los cambios, estas instituciones no permiten participar a la gente y ser protagonistas y empiezan a ser ajenas.

Nos damos cuenta de esta complejidad y que no está siendo abordada desde lo fundamental. El pensamiento que tenemos para mirar los problemas es muy lineal, es muy vertical, es muy jerarquizado, es muy centralista y es poco colaborativo. Es poco complejo y es ciego.

Si bien también hay que avanzar en transparencia y hay que avanzar en probidad, eso no es todo el problema que afecta en la política. La política tiene una crisis de credibilidad por su anacronismo y su obsolescencia, porque está dejando afuera al actor principal, que se supone que es el sujeto y objeto de nuestras políticas. ¿Cómo es posible que el actor que es sujeto y objeto de las políticas no tenga nada que decir a la hora que se construye un hospital, que se hace una carretera o en el caso de la reforma educacional? Creo que es lo que está generando el cuestionamiento, está cuestionándose el cómo se hacen las cosas y cómo comunicas tus principios de solidaridad, de cercanía, de empatía, de progresismo y ahí me parece que hay un tema que tenemos que ver.

“La Asamblea Constituyente es una inmensa oportunidad”

Me parece que hay un trasfondo en estos debates, que muchas veces son demasiado simplistas. Por eso siempre he planteado que la Asamblea Constituyente, por ejemplo, que fue uno de los temas que nosotros valoramos en el Consejo del Partido por la Democracia (PPD), tiene que ver justamente con eso, con que el gran problema que tiene Chile, que es un problema de gobernabilidad.

Cuando tú tienes que la mayoría de tus ciudadanos y ciudadanas no se sienten parte del sistema, no ven en la democracia un instrumento eficaz para resolver sus problemas, cuando ven que el poder esta capturado sólo en unas élites y ellos sólo recogen migajas, estas frente a un problema y es parte de la crisis.

Tenemos que pasar del temor, a ver la oportunidad inmensa para convalidar y revalidar una democracia para el Siglo XXI. Readecuar las instituciones, todo el chasis institucional económico, educacional, parlamentario, de los partidos políticos, de la manera como financiamos las cosas, como entendemos el mundo, incluso el rol de las universidades sobre el pensamiento del Siglo XXI.

La Asamblea Constituyente es una inmensa oportunidad justamente para que esta ciudadanía, que está afuera del sistema, que se siente excluida del sistema, se vuelva a sentir incluida, sienta que es protagonista, sienta que este sistema democrático le pertenece porque ellos tuvieron un rol, tuvieron una participación en su definición.

El gran problema es que la gente está sintiendo la democracia como algo ajeno, porque está sin posibilidades de participar en la construcción y por eso la Asamblea Constituyente -donde muchos ven una amenaza- es la gran posibilidad de que Chile recupere una posibilidad de gobernabilidad.

Tenemos que pasar del temor, a ver la oportunidad inmensa para convalidar y revalidar una democracia para el Siglo XXI. Readecuar las instituciones, todo el chasis institucional económico, educacional, parlamentario, de los partidos políticos, de la manera como financiamos las cosas, como entendemos el mundo, incluso el rol de las universidades sobre el pensamiento del Siglo XXI.

“El gran esfuerzo que tenemos (es) si vamos a ser capaces de hacer un proceso de transformación”

El PPD ha venido planteando una cierta visión que tiene que ver con una crítica a nosotros mismos y al rol que hemos cumplido en la política, primero como Concertación y luego como Nueva Mayoría. Creo que el gran cambio de lo que fue la Concertación a la Nueva Mayoría, tiene que ver con el concepto de gobernabilidad. A mí me parece que en los años ‘90 fue posible construir una gobernabilidad pactada, pero era una gobernabilidad sólo entre las élites, entre partidos políticos tanto de oposición como de gobierno, con el mundo empresarial y con el mundo militar. Pero fue un pacto de gobernabilidad sin ciudadanía, es más, en los ‘90 se desmovilizó la ciudadanía, porque se creía que esta ciudadanía podía ser adversa justamente a la construcción de esta gobernabilidad inicial, porque había una transición a la democracia.

Eso fue un error, creo que finalmente la Concertación se adopta desde la idea de las coaliciones, pero los procesos se enriquecen desde los márgenes, los centros son siempre conservadores, y el margen para una coalición es su ciudadanía.

El gran cambio tiene que ver con la aparición de la Nueva Mayoría (NM). No es solamente la ampliación de la NM a la idea de que tiene que haber una coalición no restringida a cuatro partidos bastante anacrónicos, como vimos en la Concertación; se amplía a otros partidos, yo fui impulsor, por ejemplo, a que se ampliara también al Partido Comunista (PC), al Movimiento Amplio Social (MAS), a la Izquierda Ciudadana y tenemos la coalición que desde el punto de vista político y de una mirada más tradicional, es la más amplia que se ha tenido en la historia de Chile en mucho tiempo, porque va desde el Partido Comunista hasta la Democracia Cristiana. Pero a mí me parece que lo que quedó pendiente -y creo que son los problemas que tiene la gobernabilidad que estamos intentando construir- es que la coalición no tiene ciudadanía, que no tiene movimientos sociales activos, es insuficiente para llevar adelante los procesos de cambio que queremos llevar.

El gran esfuerzo que tenemos que hacer tiene que ver con que si vamos a ser capaces de hacer un proceso de transformación y cambio con una gobernabilidad más amplia, no de espalda a los movimientos sociales, sino con los movimientos sociales, aun cuando eso signifique dificultades, pero son todas dificultades positivas.

Es mucho más difícil ponerse de acuerdo cuando son algunos partidos, con respecto a lo difícil que es ponerse de acuerdo cuando abres este amplio aspecto de participación a una diversidad de actores, que muchas veces son distintos. Pero ahí está la fuerza.

Un ejemplo más claro todavía: se movilizaron los jóvenes de este país y viene una demanda de abajo para arriba, que tiene que ver con que Chile cambió la perspectiva de pasar de una educación de élite, a la educación como derecho. Y la paradoja de todo esto es que si bien las propuestas que hizo la mayoría -eso lo ve la Presidenta Michelle Bachelet- eran las propuestas del movimiento social en el término del fin al lucro, del fin de la selección y de establecer la gratuidad y la educación como derecho, se comienza a avanzar en eso, pero lo paradojal es que ahora tienes a los jóvenes marchando en contra las reformas y tienes a los profesores marchando en contra de las reformas. A mí me parece que el elemento que falta es el diálogo y la inclusión, de que esos actores sean protagonistas y sientan que tienen ellos también un rol de paternidad y maternidad sobre los procesos de reformas.

La gente que vivió el período de la Unidad Popular, vivió un mundo que era distinto, la sociedad le confería a las élites el rol de ser la vanguardia, y el deseo de la ciudadanía era tener una vanguardia, que eran por así decirlo, los actores de la sociedad o movimientos más estructurados, más avanzados, que en cierta manera se les delegaba el rol de la representación y del proceso de cambios. Hoy el mundo cambió, este mundo vertical viene cambiando hace mucho tiempo, el problema es que no logramos darnos cuenta. Hoy la ciudadanía quiere recuperar patrimonio sobre esos procesos, quiere ser ella la vanguardia. El mundo ha cambiado de tal manera, que si bien en la década del ‘60 o ‘70 la vanguardia eran estos movimientos más iluminados, más avanzados, que pertenecían muchas veces a mundos más organizados, del mundo intelectual, de partidos políticos -ahí tenemos la experiencia del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) o del Partido Comunista- que planteaban ideas más avanzadas de sociedad y cambio. Y la sociedad era mucho más conservadora e iba replegada de atrás con más temores.

“El movimiento progresista está en la sociedad y el mundo conservador está en los partidos políticos”

Hoy, el movimiento progresista está en la sociedad y el mundo conservador está en los partidos políticos, que no solamente le temen al movimiento social, sino que no son capaces de escucharlo y de incluirlo.

Por eso, el mundo cambió y yo diría que los ciudadanos quieren recuperar el patrimonio de propiedad sobre sus derechos, quieren que se compartan cuotas de poder social, cultural, político y económico.

Me parece que eso está muy bien, me parece muy sano, sería una mejor sociedad. El problema está en el diálogo: los partidos políticos están en FM y la sociedad en AM. Entonces no hay diálogo, porque justamente el chasis institucional de partidos, de Parlamento, de concepto de Estado, de redes, no contiene, no dialoga con este mundo social que está afuera. Al no producirse el diálogo, se producen estos quiebres, estas crisis. Ése es el gran desafío justamente, para la sociedad chilena y mundial.

Estamos viviendo un mundo de cambios de una velocidad vertiginosa, estamos enfrentando cambios que están desarrollándose fuera de la escala de los procesos democráticos del mundo entero.

Imagínense que estamos en la posibilidad de construir inteligencia artificial, que pueda tener emociones, conciencia, como la de los seres humanos y que nos pueda superar, es decir, máquinas que estarían superando a los seres humanos. Pueden ser máquinas al servicio de los seres humanos.

Estamos en la frontera de la inmortalidad. Hay muchos científicos que han establecido que no solamente se puede prolongar la vida, sino también la reprogramación de células madres, es decir, se pueden hacer células madres a partir de la piel -que fue el Premio Nobel del año 2013-, entonces ya la ciencia dice que estamos en la frontera de la inmortalidad. Un científico también fue capaz de fabricar vida artificial programada en un computador, o sea, se pueden hacer génesis de laboratorio.

Se estima que a partir del año 2050 vamos a tener que continuar la misión evolutiva en otro planeta, es por eso que los centros astronómicos de Chile y el mundo están buscando planetas con agua.

Estamos enfrentados al Internet, que es una gran oportunidad de liberación, pero cuidado, el Internet también puede ser como la CIA americana y tener un gran poder de control. Todo estamos con el Facebook o Google, es una oportunidad pero también transforman todo en mercancía y nos pueden transformar a todos en mercancía.

Entonces, ese mundo complejo tiene que tener una respuesta, que no lo va a resolver la Asamblea Constituyente. Chile tiene un programa de gobierno que es muy importante, es una condición necesaria pero no suficiente. No tenemos un proyecto país, seguimos aportando recursos naturales, hay que hacer una vocación de uso de nuestros territorios, mirar la Patagonia y mirar, por ejemplo, el desierto de Atacama, que en cada lugar se juntan sus científicos o académicos, sus pueblos originarios, sus comunidades, sus sucesores gubernamentales, que los parlamentarios digan cuál es su vocación de uso del desierto de Atacama. Que ciencia necesita eso, qué tipo de educación, qué institucionalidad necesita eso. Es la misma reflexión para la Patagonia, que es la segunda reserva mundial de agua dulce en el planeta y que tiene otras potencialidades.

Yo pienso que Chile no tiene proyecto país. Pero más encima, tiene una grave crisis institucional. No tiene pensamiento para el Siglo XXI. Yo muchas veces pienso que la izquierda y la derecha no están reflexionando por esta presión de la inmediatez; hay reacción, pero no hay reflexión sobre temas complejos. Además, tenemos instituciones ciegas que les cuesta reflexionar, tenemos pensamientos anacrónicos.

Por supuesto que no será con varita mágica, pero es un conjunto de reflexiones, de deseos, de fortalecer a Chile en el Siglo XXI como un país moderno.

Noticias Destacadas