“Coludirse es muy grave,
pero hacerlo con los medicamentos
es criminal”

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Senador Girardi inaugura Congreso Futuro 2019

Publicado el 15/01/2019 | 0

En primer lugar quiero agradecer a los científicos, científicas, intelectuales de distintos rincones del mundo. Es muy relevante que personas con agendas copadas, estén dispuestas a venir gratis a un encuentro como este. Eso habla de algo que hemos ido perdiendo: la colaboración, la empatía, la solidaridad y el querer aportar a un proyecto mayor como es romper los individualismos.

Lo segundo es agradecer al Presidente de la República porque, podemos tener diferencias, pero es un gran colaborador… Tanto colabora que cuando fuimos con la Comisión del Futuro  a plantearle que trabajáramos juntos -ustedes lo conocen- nos dijo: “¡Ya! Hagámoslo, pero acá en La Moneda, en el Patio de Los Naranjos”.

“Demasiado entusiasta”, le dijo el senador Coloma… entonces, bueno…

El gobierno nos ha apoyado. Tiene interés… Nosotros queremos tener presidentes y presidentas de la república que estén comprometidos con la ciencia.

Agradecer a nuestro ministro y subsecretaria y a los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, Carlos Montes y Maya Fernández, porque sin el apoyo de ellos hacer esto sería imposible.

También agradecer a quienes lo han hecho posible. Este evento tiene miles de horas de trabajo de muchas personas que han estado tras los contenidos y la producción. Así como a los funcionarios y funcionarias del Senado… a todos ellos muchas gracias.

El Congreso Futuro emerge de la complejidad, no tiene propietario, no tiene dueño. Es el Senado, es la Cámara de Diputados, están los rectores, los Premios Nacionales de Ciencia… ellos son el Congreso Futuro.

Es una alianza del mundo parlamentario con universidades públicas y privadas, con la Academia de Ciencias y con la sociedad civil.

¿Por qué?

Porque tenemos la intuición que vivimos momentos de una profundidad de la cual no logramos tener percepción y, tal vez, la respuesta sólo puede surgir de la colaboración entre estos distintos mundos.

Lo que hicimos fue crear (en el Senado) una comisión permanente donde científicos y rectores son miembros y debaten con los parlamentarios y presentan proyectos de ley.

Creemos que es una manera de romper los prejuicios y bloqueos ideológicos. Porque, más allá de la política partidaria, tengo la convicción que el pensamiento del siglo XX cumplió su objetivo y ya no sirve para el siglo XXI.

Hay que generar pensamiento nuevo y este se crea desde la colaboración, desde de las diferencias, desde los distintos saberes y también desde los saberes ciudadanos.

Soy optimista, creo que vivimos la era de las transformaciones más profundas de la humanidad, pero estoy convencido que la podemos usar para construir una mejor humanidad y sociedades con más igualdad, derechos humanos y buena convivencia.

Al mismo tiempo tengo la convicción que Chile tiene oportunidades únicas en su historia en materia de Energía Solar, de litio, de cobre para la electro movilidad, de ser la ventana al universo, de tener los laboratorios naturales más importantes para enfrentar los desafíos futuros, de tener en el desierto de Atacama, en la Patagonia subantártica y en la Antártica las especies extremófilas que llevarán la vida a Marte.

Tenemos inmensas oportunidades y depende de nosotros si las tomamos o no. Y, no es por controvertir, pero creo que el financiamiento de la ciencia no puede estar ligado al crecimiento económico, sino que al revés, la inversión en ciencia es lo que va a impulsar el crecimiento.

Las ciencias básicas son fundamentales, pero hay una parte de ella que no tiene objetivo específico y es por curiosidad. Muchos avances científicos que conocemos no eran buscados por quienes los encontraron. La doble hélice no era el objetivo de Watson y de su equipo fue una azarosa sorpresa.

Se requiere mucho más recursos e incentivos para que nuestros investigadores transformen la ciencia básica de este país en soluciones y transferencias que nos ayuden a hacer frente a los desafíos que tenemos. En ese sentido nos parece que debemos invertir más en ciencia, porque un 0,4% del PIB nos condena al pasado.

Estamos acá porque queremos que Chile, además de comoditties, también exporte reflexión y pensamiento en una era que la humanidad lo requiere como nunca. La política esta degradada, cuestionada y es irrelevante, pero muy pocas veces en la historia ha tenido la importancia que debe tener en este tiempo.

Porque vivimos un tiempo de disrupciones masivas. Se acuerda de Kodak, Blockbuster, las agencias de viaje y muchas instituciones que, sin darnos cuenta, desaparecieron. Y habrá  muchas otras que se irán disolviendo de manera silenciosa e invisible.

Puede  llegar al día, y por eso es importante reflexionar, que el ser humano quede obsoleto y sea reemplazado.

¿Y de qué depende?

Depende de nosotros.

Y por eso el concepto de este Congreso Futuro: “¿Qué especie queremos ser?

Muchos tenemos la convicción de que es necesario rescatar lo positivo del humanismo liberal sea de izquierda o derecha, porque es el humanismo el que está cuestionado, la democracia en riesgo y la convivencia libre, amenazada.

Y si bien ya no podemos vivir sin la tecnología -no podríamos aterrizar aviones, descifrar el código genético, conocer la meteorología- el tema político es quién está detrás del poder de la ciencia y de los datos.

Creo que hay un cierto analfabetismo respecto de los desafíos del mundo que viene y de la profundidad y velocidad del cambio que vivimos.

Hay una desincronización entre el  desarrollo tecnológico con  las instituciones y la democracia. Todo lo que conocemos estará sometido a una obsolescencia programada y por eso se requiere readecuar la sociedad y sus  instituciones a la civilización digital.

Y hay un cambio aún más relevante. Los seres vivos del planeta, en particular los humanos, somos el resultado de la evolución. Nuestro cerebro, lenguaje, emociones son un producto evolutivo, pero en esta nueva fase de la humanidad podemos ser el motor de la evolución.

Nuestras fronteras ya no están en la biología, las superamos con el Kris Cap9, la edición genética y la reprogramación celular. Antes podíamos cambiar el mundo externo, pero hoy podemos modificar el hardware. Poder transformar nuestro cuerpo y cerebro ha generado controversias sobre la posibilidad de prolongar la vida y alcanzar la inmortalidad. Se podría decir que es ciencia ficción, pero ¡cuidado! los autores de esa ciencia ficción, no son cualquiera.

Google, la empresa más poderosa del planeta, Alphabet, Kaliko trabajan  inteligencia artificial y la prolongación de la vida. Pero también es Silicon Valley y Singularity University y. Es otra manera de entender el mundo, una nueva religión que pretende reemplazar a Dios.

Ray Kurzweil dice que el ser humanos es un algoritmo obsoleto y será reemplazado por las máquinas. Él plantea que en el 2035 podrá crear nano robots que conectaran nuestras neuronas, una red neuronal a una red de internet.

Y no lo dice sólo él. Miguel Nicolelis, un gran neurocientífico que hizo caminar a un tetrapléjico en el mundial de Brasil, señala que la próxima función de internet será una red cerebral donde se va a trasmitir byte, pensamientos y emociones. Puede ser ciencia ficción, pero es importante conocer lo que plantean algunos grupos de trabajo y saber que las fronteras de la ciencia ya es un campo de investigación.

Kurzweil también plantea que en 2045 estaremos en condiciones de traspasar nuestra conciencia y emociones a una máquina. Puede que eso nunca se concrete, pero ya hay muchos científicos que trabajan en esos campos de la neurociencia.

Es un tema a discutir, pero lo relevante es tomar conciencia de esto porque entramos en una era vertiginosa donde también cambiarán las lógicas que constituyen la sociedad y la esencia del ser humano.

¿Cuál es el mundo que viene? ¿Cuál es el poder del siglo XXI?  Bueno son los datos y nosotros se los regalamos a estas plataformas que tienen un monopolio respecto a ellos.

El problema no es la era digital, ni los algoritmos o los datos. El problema es que quién los controla tiene un poder inconmensurable. Tal vez esa debería ser la principal preocupación de las democracias: Cómo devolver (el manejo de) los datos a la comunidad de seres humanos del planeta.

La valorización de bolsa de Facebook, de Google, de Amazon, de Microsoft son mil billones de dólares. Nadie tiene ese poder económico.  Los chinos también tienen Baid,  Xiaomi, Tencent, Alibaba, entonces los datos los pueden predecir.

Las plataformas saben todo de nosotros, tendremos asistentes virtuales que decidirán por nosotros qué se compra, qué lugar nos gusta del avión, qué restaurante y no va a haber publicidad. Ellas mismas crearán la demanda y harán la oferta

Como médico le pregunto a personas con algún problema de salud ¿A quién consultaste primero? En Chile el primer agente de consulta ante un dolor o fiebre es el doctor Google.

Si no tenemos cuidado las plataformas sustituirán al Estado bienestar. ¿Por qué no?  Serán mucho más eficientes en educación o en salud. Por ejemplo, un solo cáncer tiene 20 mil millones de datos que ningún médico humano puede procesar ¿A futuro las personas van a ir a una plataforma tecnológica o a un médico?

Todos los estudios muestran que las plataformas son mucho más capaces que los seres humanos. No estoy hablando de conciencia, sólo de inteligencia.

Tenemos desafíos. En la geopolítica del siglo XXI por primera vez Europa quedará afuera, al igual que Latinoamérica y África, porque será la lucha por el ciberespacio y los ejércitos serán las plataformas tecnológicas que están en manos de EE.UU o China. Ese es el poder del siglo XXI.

Pero yendo más allá, los Estados, la política no están pensando el futuro. ¿Quién está pensando el futuro? ¿Quién está pensando la tecnología? ¿Quién está desarrollando la Inteligencia Artificial, las nuevas aplicaciones, la biotecnología? ¿Quién está construyendo el futuro?

Los mismos.

¿Entonces, vamos quedarnos inertes frente a esta realidad?

Podemos terminar en manos de dictaduras digitales.

En el siglo XX vivimos un proceso donde el humanismo liberal intentó democratizar la sociedad y generar mayores niveles de equidad. ¡Cuidado! Que la tecnología también se puede usar para una contra democratización. Si no tenemos precauciones, tal vez como nunca, puede haber mayor concentración del poder y de desigualdades.

También me parece relevante el impacto laboral, pues se estima que la mitad de los actuales empleos van a desaparecer. Y el trabajo no es sólo obtener una remuneración, es una manera de relacionarse con la vida y de cambiar la realidad. ¿Qué hará el ser humano, a qué dedicará el tiempo libre?

Pero el trabajo va a cambiar no sólo porque un robot  trabaja 8.700 horas y un ser humano 1.700, sino porque los costos de una empresa del siglo XX por lo que valía la pena tener abogado, auditor, empleados no existirán si las personas están en la red. Las plataformas no necesitan asalariados.

Un trabajador de Uber no tiene contrato, salud ni seguridad social, pero está muy contento de su libertad. Esos son los digitales nómades que tienen otros valores, pero que evidentemente cambiaran de manera muy profunda la institución del trabajo.

Esos temas debieran ser parte de la discusión política, pero acabamos de hacer una reforma laboral que no tiene una sola coma sobre cómo se va a modificar el empleo.

El problema es que tenemos una visión del siglo XX o del XIX y la vida transcurre en esta nueva era. Esta situación genera en el ser humano las mayores incertidumbres y temores de toda su historia. Y si en el mundo político no hay reflexión ni respuestas a esos desafíos creo que estamos ante una amenaza real.

 Porque serán los populismos los que plantearan soluciones facilistas que en realidad son una sedación ante esa legítima ansiedad e inseguridad. Los populismos amplifican, manipulan y usan en su favor esas incertidumbres.

El Presidente Trump construye  un muro contra los mexicanos, ¿En verdad creemos que les van a quitar trabajo a los americanos?

Con la robótica ya no necesitan mano de obra.  En el siglo XX  la industrialización se preocupaba, por razones humanitarias y de productividad, de que los trabajadores tuvieran educación, salud y derechos sociales. Pero hoy la robótica puede transformar a los seres humanos en “inútiles” para la economía y la guerra.

Ese muro no resolverá los problemas a los americanos. Si lo levantaran en Silicon Valley lo entendería contra la robótica y la inteligencia artificial, pero no tiene ningún sentido donde está puesto porque es una respuesta que no es una respuesta.

Entonces o generamos un espacio de conversación en busca de cómo hacer frente a estos desafíos o las respuestas las darán Google o Facebook y, al final, podemos tener estas plataformas como un macro o mega Estado.

Son decisiones que debemos tomar. ¿Estos cambios tecnológicos van a ser para todos o para algunos? ¿Se pueden constituir castas sociales? ¿Puede que empiece a producirse una especiación de los seres humanos respecto a los que tienen recursos y los que no tienen?

Silicon Valley  plantea para el tema del trabajo la renta básica universal. ¡Cuidado! Eso es que las personas van a dejar de trabajar, a lo mejor a dejar de pensar y puede ser un caballo de Troya que lleve al vasallaje de todos los seres humanos.

Porque, al final, si uno está sometido a una renta básica universal, bueno nuestra plasticidad neuronal es muy ágil, muy dinámica. Siempre pongo el ejemplo de los taxistas ingleses que tenían un gran hipocampo cuando no había waze y después cuando hubo waze se les atrofió el hipocampo. ¿Nos vamos a atrofiar los seres humanos? ¿Vamos a ser seres humanos disminuidos, simplificados?

Hay un desafío sobre si la Inteligencia Artificial va a superar la inteligencia humana, lo plantea Nick Brostrom. En 2015 mil científicos firmaron una carta planteando esta preocupación, entre ellos Stephen Hawking y Elon Musk. De hecho, Elon Musk, en una empresa que se llama Neuralink, ya está produciendo chips para aumentar nuestras capacidades neuronales, porque dice que es la única manera de competir con la inteligencia artificial.

Pero la pregunta que yo hago es más simple: si la inteligencia es -con los datos- el principal motor del siglo XXI. Porque el principal motor del siglo XXI es la innovación, pero ¿la innovación qué es? Es inteligencia.

Lo que nosotros estamos haciendo es construyendo al menos, no sé si la IA con conciencia nos va a superar, pero lo que estamos generando es una brecha con la inteligencia artificial que no vamos a poder recuperar.

¿Quiénes hacen hoy la educación de nuestro cerebro? La hacen profesores mal pagados en un misma aula de hace 200 años.

¿Quién está preocupado de la IA, de los cerebros de la IA, de los algoritmos? Los mejores científicos y programadores del planeta y mucho mejor pagados. ¿Cómo vamos a resolver esa brecha si cada año la IA mejora su velocidad en cien veces?

El rescate de este ser humano humanista es un tema que está pendiente y, además, vivimos la amenaza de una catástrofe ecológica sin parangón que puede extinguirnos como especie.

Hay que luchar para que eso no ocurra. Buena parte de la ciencia y muchos grupos científicos tienen sus mentes en el espacio. Los chinos están yendo a la Luna; Los norteamericanos, con la Nasa y empresas privadas, van a ir a Marte. Tal vez, porque es la continuidad de nuestra misión evolutiva .Y quiero pensar hacia adelante, no hacia atrás, y por eso también me parece un desafío de cómo vamos a enfrentar eso.

Los dinosaurios se extinguieron porque no tenían programas espaciales y a nosotros, evidentemente, no nos puede pasar lo mismo. Tenemos que desarrollar los espacios para eso.

Dos conclusiones: en el momento de mayor incertidumbre de los seres humanos, es un tema para reflexión, como nunca había existido. Yo creo que como nunca antes una inteligencia que no es nuestra, nos conoce tanto como la Inteligencia Artificial, los algoritmos o las plataformas.

Es una paradoja: nosotros con incertidumbre y las maquinas conocen todo acerca de nosotros. Por eso yo decía que los estados, los partidos, las universidades no están pensando el mundo. Lo hemos discutido con los rectores acá y por eso es tan importante generar polos de pensamiento alternativo a los que tienen las plataformas chinas o a Facebook, Google que son  quienes están pensando el planeta.

Nosotros no podemos dejar -y ese es el punto del Congreso Futuro- que el pensamiento, el diseño y las decisiones del futuro sean un monopolio exclusivo de las plataformas. Y por eso debemos convocar a otros y hacer de este encuentro –que más adelante debe ser latinoamericano- un espacio alternativo de pensamiento, de construcción y de diseño del futuro.

Muchas gracias.

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