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El problema constitucional y su solución

Publicado el 12/10/2014 | 0

Senadores y expertos participaron en el Seminario: “El Problema Constitucional y su Solución”, que organizaron las Fundaciones Chile 21, Progresa y Ebert y que se realizó en el ex Congreso Nacional.

Con el fin de reflexionar sobre los cambios que requiere la Constitución política del país, la Fundación Chile 21  en conjunto con la Fundación Progresa y la Fundación Friedrich Ebert, realizó un seminario, en el ex Congreso Nacional de Santiago.

En la oportunidad, expusieron los senadores Guido Girardi, Alberto Espina y Hernán Larraín; el ex senador Carlos Ominami, el diputado Osvaldo Andrade,  y el ex diputado Gutenberg Martínez, entre otros.

La actividad se desarrolló con dos mesas de debate, en las cuales  diversos aspectos  de la situación constitucional actual fueron discutidos por los exponentes de la academia la política, y los movimientos u organizaciones  sociales.

Entre los expositores también estuvieron el profesor en derecho constitucional Fernando Atria; el abogado constitucionalista Francisco Zúñiga;  el ex subsecretario del Interior y ex ministro de Tribunal Constitucional, Jorge Correa Sutil; el presidente de la ANEF, Raúl de la Puente; el director del Programa Derechos Indígenas de la Fundación Chile 21, Salvador Millaleo y la presidenta Corporación Humanas, Carolina Carrera,.

ACÁ EL AUDIO DE LA EXPOSICIÓNhttp://www.senado.cl/prontus_senado/site/artic/20141010/asocfile/20141010165350/girardi_ok.mp3

Discurso del senador Guido Girardi:

Cotidianamente los chilenos sentimos de manera profunda los efectos de vivir bajo la Constitución autoritaria que heredamos de la dictadura militar. Cada vez que una persona acude a un  consultorio sufre las consecuencias de un modelo donde la salud no es un derecho pues la Carta Fundamental sólo garantiza el libre acceso. Para un joven en Cerro Navia la educación no es un instrumento de igualdad pues constituye un apartheid que segrega a ricos de pobres. Lo mismo ocurre en materia de pensiones.

Es que vivimos bajo un sistema contenido en la visión chicago-boy que se asoció con un sector político y construyeron un modelo de sociedad dónde no hay bien común y cada individuo está ligado a su propia suerte. La Constitución  es el ‘custodio de la fe’ de este modelo impuesto a sangre y fuego.

Nos cuesta explicar los cambios en educación porque hubo un proceso de contracultura que nos cambió los sentidos. Cuando se dice que se terminará el copago y que estudiar será gratuito… la gente sospecha. Creen que es algo malo pese a que en el resto del mundo no sea obligación pagar para poder educarse.

En Chile no sólo no existen bienes públicos, ni de hecho ni de derecho, además convencieron a la gente que no son importantes en la vida de la sociedad.

La Constitución de Pinochet reproduce una visión anacrónica de lo que fue el siglo XX: la era del pensamiento vertical, jerarquizado, de arriba para abajo, el mundo de los procesos lineales, cartesiano, el tiempo de las ideologías y visiones religiosas cerradas, donde se crearon instituciones que hoy son ciegas ante los procesos de vida sistémicos.

Estamos ante un cambio civilizatorio. Está agonizando la civilización de las elites, donde unos pocos se ponían de acuerdo en un pacto de gobernabilidad y tenían la legitimidad suficiente para ampliarlas a todos los demás.

La actual Constitución reproduce ese modelo anacrónico y no nos permite entender el futuro ni insertarnos en el siglo XXI, porque representa una suerte de edad media y no entiende que los temas hoy son el patrimonio genético, la vida artificial, que estamos en la frontera de la inmortalidad…

Pienso que el principal problema de gobernabilidad tiene que ver con que las instituciones tradicionales del siglo XX -los parlamentos, los partidos políticos,  las universidades- no contienen a la sociedad del futuro. Los procesos de transformación son tan rápidos que están fuera de esta Constitución: el derecho al agua, los  derechos de los pueblos indígenas, el acceso a internet.

La desigualdad y la exclusión que siente la mayoría de los chilenos de la institucionalidad política son parte de la crisis de gobernabilidad. Estamos cayendo en una espiral vertiginosa donde somos cómplices de la destrucción de la política y de la democracia. Basta ver en cualquier encuesta la opinión de los ciudadanos de los parlamentos, de los partidos y de las elites.

No va a haber democracia si la gente no cree en la democracia. ¿Cómo no entender que una Asamblea Constituyente es  la oportunidad para relegitimar la política y que vuelvan a creer en ella? Construir un proyecto compartido, dónde todos se sientan parte, es la gran oportunidad que tiene Chile para recuperar la gobernabilidad.

Una Asamblea Constituyente, producto de un proceso de envergadura y legitimidad, es lo que nos puede ayudar a construir institucionalidad, confianza, política y fortalecer la democracia. Continuar con la lógica de un mundo que ya no existe y no hacerse cargo del nuevo mundo que vivimos es el error más dramático que podemos cometer. 

 

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