“Coludirse es muy grave,
pero hacerlo con los medicamentos
es criminal”

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Columna en El Mercurio: Entender el futuro para decidir el presente

Publicado el 21/09/2014 | 0

“La encrucijada del siglo XXI, un Chile con ideas”, es el IV Congreso del Futuro que se llevará a cabo en el Congreso de Chile en enero. Entre sus participantes estarán Thomas Piketty; el neurocientífico Dr. Nicolelis; el pensador estadounidense Jeremy Rifkin, y el intelectual francés Edgard Morin, entre otras personalidades mundiales. Nuestro objetivo es “ciudadanizar la ciencia y el conocimiento avanzado”. Queremos habilitar a la ciudadanía para que pueda incidir y decidir en los grandes debates, democratizar el conocimiento y poder gobernar el futuro. En el próximo medio siglo la humanidad evolucionará un tramo similar al que tardó los últimos 20 mil años en recorrer.

Hace tres décadas se requería un edificio para contener un terabyte que ahora cabe en la punta de un alfiler. Diminutos chips de la era cuántica revolucionarán más aún nuestras vidas. Gracias a la nanotecnología se desarrollan nuevos materiales para crear nano robots capaces de ingresar al organismo, detectar y destruir células cancerosas. Es así que el Premio Nobel de Medicina 2011 fue para quienes descubrieron la telomerasa (una enzima que prolonga la vida de las células) y el 2012, para quienes lograron reprogramar células madres, las que permiten generar partes y piezas del cuerpo humano. Ray Kurzweil, creador de la Singularity University, plantea que el 2045 se alcanzaría la inmortalidad.

Craig Venter, quien descifró el genoma humano, logró ya programar en un computador los genes de una bacteria que no provienen de la evolución. Y a través de genes y cromosomas sintéticos abrió la puerta a la vida artificial.

Las investigaciones del Dr. Nicolelis permitieron construir un exoesqueleto comandado por neuronas para que un tetrapléjico pudiera caminar. Estamos en la frontera de los avatares y robots con inteligencia artificial y emociones humanas.

Vivimos un profundo proceso de cambios culturales, políticos, sociales y civilizatorios, que nos lleva a ser ciudadanos de la biósfera. El calentamiento global amenaza la vida del planeta, tal es así que los científicos afirman que la actual velocidad de desaparición de especies equivale a una sexta extinción masiva. El economista británico Tim Jackson, plantea que la humanidad no sobrevivirá si supera el umbral de 450 ppm en el 2050 (estimando 9 mil millones de habitantes y un crecimiento del PIB per cápita del 2%), se requiere una intensidad de carbono cercana a cero. Tenemos la imperiosa necesidad de abandonar la civilización del petróleo y pasar ¡ya! a una era post carbónica.

Por ello Chile tiene la gran oportunidad de ser líder mundial en energías renovables. Carlo Rubbia -Premio Nobel de Física- dice que en el desierto de Atacama se pueden desarrollar 200 mil mega y abastecer a toda Latinoamérica. Pero no tenemos una estrategia solar. Tampoco se ha generado un solo KW de la enorme geotermia y seguimos exportando litio a granel en vez de baterías. Vendemos harina de pescado y no Omega 3 y EPA, esenciales para el ser humano.

Estamos en el siglo XXI, pero seguimos pensando como al comienzo del XX. Vivimos en el futuro, pero anclados al pasado. Para tomar hoy decisiones fundamentales, debemos entender el mundo que viene. Un mundo donde la fusión de internet, energías renovables, biotecnología y nanotecnología darán paso a una era colaborativa. Cambiará la forma de organizar el conjunto de la vida. Vendrá una economía colaborativa, que no sólo se sustenta en el capital financiero, sino que también en los contenidos y en la meritocrática. Son tiempos en que los ciudadanos en redes crearán, innovarán e inventarán el futuro. Es la economía de los Wikipedia, Facebook y Google, desafíos para los que nos tenemos que preparar.

¿Cómo hacemos para que el futuro no nos deje abajo? Hay que tener ganas, convicción, ciencia y decisión. Nuestro mayor déficit es la ausencia de un proyecto país. Se requiere definir de abajo hacia arriba la vocación de uso de los territorios que nos permita definir qué educación, qué ciencia, qué institucionalidad se necesitan en cada rincón del país. Pero antes, además de lo que acabo de mencionar, es clave incrementar en este gobierno el presupuesto para ciencia e innovación del 0,35 del PIB actual -propio de un país que no cree en la importancia del valor agregado- en al menos el 1% del PIB. Sin ese esfuerzo no habrá recursos para desarrollar una institucionalidad científica robusta que aproveche el enorme potencial que ofrece nuestra patria. Si no tomamos decisiones en todas estas materias, Chile seguirá pegado en el pasado mirando cómo se le escapa el futuro.

Guido Girardi
Senador
Presidente de la Comisión de Desafíos del Futuro 

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