“Coludirse es muy grave,
pero hacerlo con los medicamentos
es criminal”

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Guido Girardi: “Aquí se cierra un ciclo, y yo lo vivo en lo personal: tenemos que reinventarnos”

Publicado el 10/12/2017 | 0

Consciente de que el Frente Amplio ha hecho suyas las banderas que identificaron al PPD por décadas, el líder máximo del partido dice que llegó la hora de redefinir su identidad. Y pasar la posta. (Fuente: La Tercera.  María José O’Shea)

En la oficina de Guido Girardi en el Senado de Santiago hay una sola foto. La imagen es el momento exacto -captado por La Tercera- en que en pleno tedeum el entonces Presidente Sebastián Piñera ausculta los calcetines verdes del también entonces jefe de la Cámara Alta.

-Me pareció muy buena la foto de Sebastián ambicionando…, porque yo digo, ¿qué estará pensando? Debe estar pensando por qué no puedo usar yo esos calcetines verdes…

¿Y no le regaló calcetines después de eso?
No, le voy a regalar algún día, pero me gustó la foto, porque expresa muy bien a Sebastián Piñera.

A una semana de la elección, ¿ve posible que se repita esa imagen?
Creo que se hizo una apuesta equivocada por parte del mundo de derecha, porque lo que ellos pensaban es que había una sociedad silenciosa que no quería cambios y que era mayoritaria. Y la gran paradoja es que la sociedad silenciosa sí quería cambios. El principal conflicto en la derecha es darse cuenta de que los que queremos cambios, que los progresistas de Chile, somos más. Si a la gente la divides entre conservadores y progresistas, que es lo que viene, los que pertenecemos al mundo progresista somos más.

Pero hay un cierto progresismo dentro de la derecha…
No, no digo que el progresismo sea monopolio de nadie. Pero es un progresismo matizado. Porque si a Felipe Kast, que es tal vez el más progresista, lo llevo a temas de frontera, finalmente renuncia a sí mismo. Hay un espacio para esa visión liberal, que valoro, pero finalmente, el bullying del mundo al cual pertenece hace que, tal vez, no se atreva a dar el paso y votar, por ejemplo, a favor de la despenalización del aborto en tres causales.

Pero Felipe Kast, él mismo, no está a favor.
Por eso digo, entonces, para mí es una cosa sistémica. Son conservadores, si quieres, más empáticos. Es un conservadurismo más abierto, pero finalmente son conservadores.

Usted plantea que hay una mayoría silenciosa que despertó para la elección. Pero si uno suma los votos de Piñera y los que sacó Kast, son más que Guillier sumado a la votación de Beatriz Sánchez. A lo que voy es que no están muy claras las mayorías.
Está bien. Yo creo que esto no es lineal. Creo que, además, él ha desaprovechado oportunidades. A diferencia de nosotros en la primera vuelta, él tenía por primera vez una coalición de derecha más ordenada que la Nueva Mayoría. Pero Sebastián tiene un problema personal, que es que al final él hace todo, se mete en todo y decide todo. Entonces, finalmente, monopoliza todo lo demás. Su capacidad de construir un proceso colectivo y en equipo es muy compleja. Además, creo que él ha despertado y provocado a esta sociedad que efectivamente era silenciosa.

¿Activó un antipiñerismo mayor?
Una mayor conciencia de que el camino para Chile o el mejor camino para Chile no es el camino del retroceso, de la pérdida de libertades, porque finalmente cuáles son las verdaderas libertades del siglo XXI: la de decidir sobre tu vida, la autonomía propia, de poder ser parte de la sociedad y que eso no dependa del dinero.

Usted dijo en octubre que “si sale Piñera, tampoco es una catástrofe”, pero hoy parece que buena parte de la Nueva Mayoría sí lo considera. Varios dicen que es “peligroso”.
Yo no lo quiero poner así, pero puede ser que haya personas que legítimamente piensen así. A mí no me gusta poner esto en blanco y negro. Decir que si es Sebastián Piñera nos vamos al abismo o si es Guillier vamos a Venezuela es totalmente falso. La fortaleza de nosotros sobre Piñera está en los contenidos, en las definiciones respecto de los temas valóricos. Está en las definiciones respecto de los pueblos originarios, a los temas ecológicos, está en las definiciones que para esa derecha, que está con Sebastián, son muy complejas. Finalmente, ellos son rehenes de un mundo donde el mercado es la esencia de todo. Siento que podemos transitar desde una definición donde para la izquierda todo se resolvía desde el Estado, para decir que nosotros queremos un Estado fuerte, pero queremos más libertad y más sociedad. Pienso que más que descalificar a Piñera, nos conviene aprovechar que hay un antipiñerismo, que es cultural, pero que es un viento de cola. Debiéramos ser más inteligentes y justamente porque hay un antipiñerismo cultural, hay una inmensa oportunidad para entusiasmar, para ofrecer un proyecto país de ideas, de futuro.

¿Cree que ha faltado eso en la campaña de Alejandro Guillier?
Pienso que ahí hay que poner el foco, y lo hemos tratado de poner de cierta manera. Por eso fue el cambio de la franja y por eso han sido muchas cosas que han ido pasando.

¿Cuán involucrado está usted? 
Yo participé activamente para que hubiera un cambio en la franja, participé en el libreto de la franja y creo que la llegada del nuevo elenco de voceros ha mejorado las cosas. Con todas las dificultades que tiene articular eso, paradójicamente nos vemos más ordenados que la derecha, y con una estrategia que comienza a perfilarse.

¿Le parece Guillier un buen candidato?
Por qué no lo ponemos de esta manera: Guillier es el mejor candidato que tenemos.

¿Ya no siente que es “un castigo para nosotros mismos”, como dijo en una entrevista?
Yo no lo dije como crítica al candidato, sino a nosotros, porque como Nueva Mayoría no fuimos capaces de generar liderazgos propios y tuvimos que recurrir a él para salvarnos. La política busca una respuesta como un río busca su cauce. En algunos casos más positivos, como Francia, en que buscaron a Macron, o en otros menos auspiciosos, como lo que pasó con Trump. Yo diría que Alejandro se parece más a Macron: fue una búsqueda dentro del mundo progresista.

¿Cómo ve la elección del domingo?
Creo que será muy estrecha, pero tengo la sensación de que se va imponer la visión de quienes no quieren dejar al país en manos del mercado.

¿Se equivocó Guillier con la frase de “meterles la mano al bolsillo a los ricos”?
No lo habría dicho así, pero comparto el sentido que uno de los aspectos más dolorosos de esta sociedad es la profunda desigualdad que existe en Chile. Creo que en Chile, sin vulnerar aspectos esenciales, una mayor igualdad donde los que tienen más paguen más, ayudaría enormemente a la convivencia de todos, pero particularmente la de ellos. ¿Qué le importa al que tiene tres mil millones de dólares pagar un poco más de impuestos? Le daría mucho más legitimidad y dignidad en la convivencia social. Si ellos no entienden eso, están cometiendo una ceguera inmensa.

POSVERDAD

Al PPD le fue mal en la parlamentaria. Bajó de 15 a ocho diputados y perdió mucha votación. ¿Por qué cree que ocurrió?
Por muchas razones. Primero, yo diría que en la política hay un nuevo mundo. Uno podría decir que lo que fue la transición está en una caja y hay que guardarla en la bodega, y dejar su evaluación al juicio histórico. Y pienso que ahora viene un proceso de renovación, de redefinir la identidad progresista, que hoy está en disputa con el Frente Amplio, porque nuestras causas continúan.

Pero fueron algo arrebatadas por el Frente Amplio.
Yo lo miro de dos maneras. Nosotros hemos luchado por valores, por ideas, como el aborto terapéutico, las luchas ambientales, etc., y después de mirar más desde el balcón, estoy contento, porque somos más. Somos más los que queremos educación pública gratuita, matrimonio igualitario, etc. El Frente Amplio aporta a fortalecer una sociedad progresista y tiene el mérito de haber incorporado a una generación de jóvenes.

Una de las críticas es que el PPD no ha sido capaz de levantar una generación de recambio.
Y eso es. Tal vez la crisis es también oportuna. El PPD tiene la oportunidad de asumir que tiene que cambiar. El primer cambio es de identidad: dentro del progresismo, ¿somos lo mismo que el Frente Amplio o tenemos distinción? Creo que tenemos distinción, y lo importante es definir cuál es. Creo que podemos poner un eje más potente en que la sociedad, al mismo tiempo que necesita más libertades, tiene que poner importancia en el desarrollo. Por ejemplo, el progresismo no puede abdicar a un crecimiento, que es sustentable, ecológico, con tecnología, pero crecimiento al fin.

Pero en la parlamentaria, a usted, que es el mayor liderazgo de su partido, le fue mal. Sus candidatos perdieron.
Les fue mal a muchos candidatos del PPD. El fenómeno fue como una ola. Tuvimos una pérdida que tiene que obligarnos a repensar para adelante.

¿Y su reelección como senador peligra?
Son cosas distintas, y no estoy pensando en mi reelección, para la cual quedan cuatro años, en los que pueden pasar muchas cosas. Viene un desafío de inteligencia, de construcción de futuro, y no es un problema de chasis, sino un desafío de contenidos, y no tengo duda de que el Frente Amplio constituye un referente relevante. Pero yo todavía estoy convencido de que el PPD es un aporte.

¿Pero usted asume la derrota?
Creo que todos asumimos que el PPD no tuvo un buen resultado.

Se dice que usted es el dueño del PPD.
Esas son las ficciones de la posverdad, de la prensa. El PPD es un partido que tiene liderazgos colectivos. Está Ricardo Lagos Weber, que también sufrió los embates de este proceso, ¿te das cuenta? Nosotros apoyamos a Ricardo Lagos, que marcaba cinco puntos en las encuestas…

¿Por qué cree usted que tiene tanta influencia en el PPD? El girardismo es una corriente mayoritaria.
Porque más bien es un liderazgo de contenidos e ideas. Porque si uno mira el PPD, tiene mucho que ver con las luchas que hemos dado algunos. Es finalmente la síntesis de muchas luchas, y tal vez las más simbólicas, como la ambiental, valórica o ciudadana, han tenido que ver con algunos de nosotros. Si hay un partido que se vincula con la ley de etiquetado, somos nosotros; o con la ley “Cholito”, también nosotros.

¿Y le da pica que el Frente Amplio se haya apropiado de sus temas?
No, no me da pica. Me parece que es importante que sumen otros y me plantea el desafío de entender que nosotros cumplimos una etapa donde nuestras ideas ganaron y son mayoría en la sociedad. Muchos de los desafíos que hicieron una sociedad mejor los instalamos nosotros.

Pero ahora tiene que reinventarse.
Estoy convencido de que aquí se cierra un ciclo, y yo mismo lo vivo en lo personal, y tenemos que reinventarnos y construir pensamiento nuevo para una nueva sociedad. A mí me apasiona esa parte del debate; el debate interno me apasiona menos, me siento como un asesor externo, porque esto es una posta. Tenemos que ser capaces de formar una nueva generación que tome el relevo y entienda la importancia de que exista un partido progresista que ha sido exitoso en esa lucha. Tenemos la conciencia y estamos obligados, por el resultado electoral, a reflexionar en ese sentido.

Usted menciona que apoyaron a Lagos con apenas cinco puntos en las encuestas. ¿Les pasó la cuenta eso?
Eso tuvo costos, sí, pero son cuentas de las que yo no me arrepiento. En la vida yo estoy dispuesto a ganar o perder en función de lo que pienso. En el tema de Lagos, yo llegué a la convicción de que el PPD no podía no apoyar a Lagos, sin haber sido yo nunca laguista. Hubiera sido una suerte de parricidio. Pero además tenía la convicción de que él hubiese sido un gran coadyuvante para Guillier. Estoy seguro de que si hubiese habido primarias, hubiera votado mucha gente y hubiese obligado a poner algo que no estuvo en la primera vuelta: ideas, contenidos.

¿Echa de menos contenidos en la campaña de Guillier?
Creo que las campañas no están centradas en contenidos, sería mejor que sí estuvieran. Pero bueno, estamos avanzando. Lagos le ponía sentido a la política, que son los contenidos, y hoy no están. En eso el Frente Amplio tuvo inteligencia de conectarse con las ideas, con los sentidos de las personas.

El senador Harboe dijo que el PPD no supo armar una plantilla parlamentaria acorde al nuevo sistema electoral. ¿Comparte esa idea?
El PPD se durmió en los laureles, en el facilismo del pasado. Pensamos que haciendo lo mismo de siempre, íbamos a cosechar los mismos resultados. Yo creo que los partidos hemos fragilizado nuestra vinculación con el mundo social. El PPD tuvo esa fortaleza, pero se lo comió la máquina. Luego, perdimos la capacidad de vincular gente interesante al PPD, que siempre estaba en una frontera entre sociedad progresista y política. Por lo tanto, no teníamos un buen elenco de candidatos. Para mí, las elecciones se ganan en los tres años antes de la elección, no en los últimos tres meses. La elección no es más que la expresión de un trabajo previo.

EL FUTURO Y EL PRESENTE AL MISMO TIEMPO

La cabeza de Girardi está en otras contingencias. Su preocupación es que los chilenos no nos damos cuenta de que el mundo como lo conocemos está acabando, y que fenómenos como la inteligencia artificial y el cambio climático son asuntos que no van a pasar cuando estemos muertos, sino que están aquí. Por eso su entusiasmo por la nueva versión del Congreso del Futuro que parte el 15 de enero, y que trae eminencias como Tristan Harris, quien antes trabajaba en el centro de control de las emociones de Google, a partir de los datos que a cada segundo los usuarios entregamos al buscador. Esos son los temas de Girardi. Cómo un robot es capaz de procesar toda la literatura médica para hacer un diagnóstico, cosa que ninguna inteligencia humana sería capaz de abarcar; o también cómo en Chile nos perdemos la oportunidad de ser “salvadores” de una de las crisis planetarias más grandes que se vienen encima, como es el desarrollo de la energía solar. Un adelanto a los tiempos, diría cualquiera. Para él no. La tesis de Girardi es que hoy, con la tecnología que se reproduce exponencialmente, el futuro y sus problemas son simultáneos al presente. “Por ejemplo, me parece increíble que en la política no discutamos la inteligencia artificial, cuando todos los estudios serios dicen que en 20 años la mitad de los empleados van a desaparecer. Entonces, viene un desafío enorme de crecimiento económico, pero también va a hacer que muchas personas devengan en seres humanos inútiles económicamente. ¿Qué hacer con ellos? ¿Se podrán reciclar? Ese tipo de conflictos vienen y hay que comenzar a prepararnos.

¿Y alguien le compra estos temas o es un ‘llanero solitario’?
-Son procesos. Nosotros empezamos la lucha ambiental el año 80, y los comunistas me decían burgués; otros nos decían terroristas ecológicos. Y la sociedad cambió. El 95 planteé que los homosexuales se debieran poder casar y tener hijos, y no te imaginas el bullying que me hicieron. Creo que no podemos tener el rol nuestro si no es con una visión anticipatoria, porque cuando tú legislas, construyes futuro.

¿Y no le gustaría ser ministro de ciencia, por ejemplo, más que senador?
Yo tengo estas pasiones, causas. El lugar es instrumental, porque hoy puede ser el Senado y mañana no sé, incluso he pensando que hasta una fundación sobre la ciencia, sobre el futuro.

¿Quién se involucra más en estos temas: Piñera o Guillier?
A Sebastián las veces que lo invité al Congreso del Futuro fue siempre. A él los temas lo entusiasman, pero parece un mundo donde estos temas no son centrales. Y el problema también es que va haciendo zapping por la vida; le interesa algo por cinco minutos y después cambia a otro. Guillier tiene genuino interés. Él era de los pocos senadores que iban a la Comisión Desafíos del Futuro sin ser miembro. Y creo que hay un grupo en el mundo intelectual y científico que está más en un espacio progresista.

 

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