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pero hacerlo con los medicamentos
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Guido Girardi: “En el pasado fui cuestionador, ahora los díscolos serán otros”

Publicado el 23/11/2013 | 0

Otrora el principal referente de la indisciplina oficialista, hoy el reelecto senador Guido Girardi (PPD), afirma que el triunfo de Bachelet resuelve la eterna disputa entre “autocomplacientes” y “autoflagelantes” en favor de estos últimos.

Cerca de las 20.30 horas del domingo 17 sonó el celular del recién reelecto senador Guido Girardi (PPD). Al otro lado de la línea, su compañero de lista, el DC Alberto Undurraga, reconocía su derrota en la nómina de la Nueva Mayoría y felicitaba la “alta votación” alcanzada por Girardi. El contacto fue el único que ambos sostuvieron en la agria disputa que protagonizaron durante meses, en la que fue considerada una de las batallas emblemáticas de la oposición.

El 2005, cuando Bachelet fue electa, también tenía mayoría en el Congreso y sin embargo, en su gobierno se produjo la aparición de los parlamentarios díscolos, lo que le hizo perder su mayoría parlamentaria. ¿Qué puede evitar que esta vez ocurra algo similar?

Es distinto, en el sentido de que la política siempre se ha movido por ideas y proyectos. Y durante la Concertación hubo una controversia que nunca se resolvió: la de “autoflagelantes” y “autocomplacientes”, que es anterior, nace en el gobierno de Frei. Todos valoramos los logros de la Concertación, particularmente en la transición. Todos apoyamos y respetamos la política de los consensos para llevar a cabo una transición exitosa, pero en un momento, la Concertación se desvincula de la sociedad, no se da cuenta de que la transición termina y que la sociedad quiere cambios profundos. Quiere avanzar más rápido o quiere avanzar en ámbitos como una sociedad más igualitaria, más inclusiva, con menos discriminación, con menos abusos.

¿Y esa disputa entre “autoflagentes” y “autocomplacientes” se resolvió?

Siempre dije que durante el gobierno de Bachelet y los anteriores, fuimos rehenes de una transversalidad conservadora, que hizo de los consensos el objeto de la política. Y eso tuvo que ver con que nunca hubo una resolución respecto de resolver esta conflictividad entre estas dos almas. La Concertación pierde las elecciones justamente producto de las renuncias y omisiones. Y finalmente, la primaria de Bachelet es la resolución de ese conflicto.

¿Usted cree que la primaria resolvió esa permanente disputa interna?

Se resuelve en cierta manera. Porque la vuelta de Michelle Bachelet es una reparación. Ella vuelve a hacerse cargo de aquello que no se hizo.

A mí muchas veces me dijeron que si insistía con el aborto terapéutico o matrimonio igualitario se terminaba la Concertación. Así de radical era el veto al debate. Fuimos acusados de díscolos, de francotiradores, pero lo que sucede ahora es que estas ideas son mayoría en la sociedad.

Los llamados “autocomplacientes” no han desaparecido de la Concertación, usted dijo que sufrieron una derrota política frente a la ciudadanía al tratar de frenar algunas reformas. ¿Eso significa que esas personas deben sumarse ahora a los temas mayoritarios?

La Concertación es una coalición plural, que es multicolor. Pero los ejercicios democráticos que hemos tenido, las primarias y parlamentarias, donde más de las veces han triunfado las visiones más progresistas, como ocurre con Santiago Poniente y Oriente, con Carlos Montes y conmigo, pienso que es evidente que nosotros necesitamos todas las ideas, pero hay ideas de mayoría y de minoría. Lo que la Presidenta Bachelet planteó en la primaria es algo que no se puede relativizar, es un mandato que está ratificado por cerca de tres millones de participantes. Y por lo tanto, mi rol ahora tiene otra dimensión: como en el pasado yo fui cuestionador, ahora los díscolos serán otros, a mí me corresponde colaborar para construir gobernabilidad y para producir consensos que corran las fronteras.

¿Quiere decir que su triunfo y el de Carlos Montes en Santiago, y la consiguiente derrota de Alvear y Undurraga, dan cuenta de un triunfo de las ideas progresistas por sobre las conservadoras?

Siempre planteé que la confrontación en Santiago Poniente y Oriente también, era la continuidad de una disputa que se había resuelto desde el punto de vista del programa. No era un concurso de belleza, era un debate de contenidos e ideas. Había la confrontación de dos visiones, una más conservadora y otra más progresista, y que desde mi punto de vista, estaba más cercana a las demandas de la sociedad chilena. Y en cierta forma, no se puede entender por qué una senadora prestigiada y relevante, trabajadora y seria pierda la elección. Yo creo que la perdió porque sus ideas estaban menos conectadas con las del siglo XXI que las que presentaba Carlos Montes.

Usted dice que “mis ideas fueron minorías y fueron bloqueadas”. ¿Por qué la minoría de ahora debe allanarse a esas ideas y no puede tirar el mantel, como lo hicieron los díscolos en su minuto?

La gran diferencia es que estas ideas siempre han sido mayoría en la sociedad chilena, y eso ahora ha quedado en evidencia.

Pero esas ideas que usted califica como minoritarias son las de una parte de la elite de la Concertación…

Hubo una elite de la Concertación mucho más conservadora que la sociedad. Pero ahora hay un argumento muy de fondo, porque estos temas fueron resueltos democráticamente. La primaria fue un concurso democrático de ideas y contenidos. Y donde se sancionaron ideas de mayoría y de minoría, donde tenemos una presidenta que va a ser electa con un programa y hoy día, la primera responsabilidad que uno tiene y yo tengo, dado que la controversia entre visiones más progresistas y conservadoras quedó resuelta democráticamente, hay un mandato para todos obligatorio.

¿Y usted no le da el beneficio de la duda, al menos, en los temas valóricos a los parlamentarios democratacristianos y también a algunos progresistas que se han manifestado en contra del matrimonio igualitario?

No es el beneficio de la duda. Es el beneficio de admitir que cada cual pueda ejercer su libertad. Porque en esta materia, lo que hay finalmente y que debemos garantizar, es el derecho de cada cual a tomar sus propias decisiones. El derecho a decidir, a ser tratado cada cual como persona, con valores que son jerárquicamente equivalentes. Lo que sucede acá es que hay un sector de la sociedad que piensa que sus valores son superiores y a nombre de esta supremacía valórica, piensan que sus valores son los únicos buenos y se los quieren imponer al resto de la sociedad. Yo no tengo ningún problema con una persona que siendo homosexual no se quiera casar. No tengo ningún problema que teniendo un embarazo inviable no quiera abortar. Pero lo que sí cuestiono es que esa persona, que considera legítimo eso para sí mismo, quiere impedir una visión que puede ser legítima para otra, pero es distinta para él.

Lo que usted identifica como los sectores más conservadores siguen existiendo dentro de la coalición. ¿Cómo se administran esas diferencias?

En lo que respecta al programa, es un mandato que tenemos todos, no se negocia. En nuestra coalición había una transversalidad conservadora en todos los ámbitos. Y esa transversalidad conservadora concursó en la última primaria y fue derrotada. Se establecieron ideas de mayoría y de minoría. O sea, no se negocia la reforma tributaria, la eliminación del FUT, la educación gratuita, la salud como derecho, la necesidad de una nueva Constitución.

¿Pero si hay parlamentarios de la Nueva Mayoría que legítimamente puedan pensar que estos tipos de cambios son muy riesgosos o generan tensiones?

Dado que todos concursaron durante la campaña de la primera vuelta y tuvieron la oportunidad para haber dicho: ‘mire, yo no acepto ir bajo este conjunto de condiciones’, dado que nadie lo expresó, a mí me parece que tienen la responsabilidad democrática de cumplir con el programa, incluso quienes tienen cuestionamientos. Cosa distinta es para los temas nuevos, donde me parece que hay un ámbito de compromiso y acuerdo respecto de cómo se llevan adelante temas que no están en el programa y es necesario abrir un debate, y es legítimo que en esas materias podamos tener diversidad de opiniones. Pero que no son aquellos que están establecidos en el programa.

¿Qué le hace suponer a usted que la DC, que es donde pueden estar algunas de las voces más críticas respecto de algunas reformas, va a rescindir sus propias ideas?

Cuatro razones: una, que este programa tiene al menos tres ratificaciones ciudadanas. La primaria, la primera y va a tener la segunda vuelta. La cuarta es que yo, con la gran mayoría de los actuales diputados y senadores de la DC electos, al menos la gran mayoría, está por la educación gratuita de calidad, reforma tributaria, por la salud como un derecho. Y la gran mayoría ha dicho que está dispuesta a discutir en serio los temas como aborto terapéutico y matrimonio igualitario.

¿Cómo condice usted este discurso que plantea ahora, con el que levantó cuando se opuso a proyectos emblemáticos impulsados por Lagos, Frei o incluso Bachelet. Antes era legítimo disentir, pero ahora no se le permite disentir a los nuevos parlamentarios respecto de un eventual nuevo gobierno?

En el pasado voté en contra de la ley de isapres. Mi argumento era que estaba en el programa terminar con los abusos de las isapres, pero la ley respecto de la cual se discutió, no le tocaba ni una cola a las isapres. La prueba es que hoy día las isapres tienen un verdadero paraíso para el abuso. Y nosotros teníamos razón.

Cuando salgo a la calle, mucha gente me dice: ‘¿si no lo hicieron en 20 años, por qué tengo que creerle que lo van a hacer ahora?’. Y les encuentro la razón. Y les respondo que justamente porque no lo hicimos en 20 años no estamos condenados a no hacerlo nunca.

¿Entonces ya no va a ser más díscolo?

A mí no me gusta la palabra díscolo. Yo prefería hablar de personas comprometidas con nuestras ideas, con nuestro proyecto. Lo que yo entiendo es que la primera responsabilidad y prioridad que tenemos, ahora que esas ideas ya son mayoritarias en la sociedad, sancionadas en una primaria, es que ese programa sea asumido como elemento de mandato y se concrete. Y yo voy a colaborar en todo lo que sea necesario, en construir la gobernabilidad, los acuerdos y los consensos para que el programa se pueda concretar. Porque si no lo hacemos, no va a existir otra posibilidad para poder decir esta vez sí lo vamos a hacer y vamos a reparar lo que volvimos a dejar de hacer.

Usted fue reelecto, pero con una votación menor. Algunos plantean que esto se debe al desgaste de su figura. Se le planteó como el emblema de las malas prácticas…

No cabe duda que fui objeto de una campaña sistemática de demolición. De aquellos que no teniendo la capacidad y la voluntad de discutir de ideas y contenidos, porque finalmente son aquellos que llevaron las ideas que perdieron en la primaria y responsables justamente de todas las omisiones y renuncias que hizo la Concertación. Al estar, en cierta manera, imposibilitados de discutir de ideas, hicieron de su campaña no el debate de ideas, sino que la descalificación. Estoy muy contento con la votación que tuve. Ser el senador más votado de Chile y tener una primerísima mayoría en una controversia como la que tuvimos, a mí me parece que lo que corresponde es estar muy agradecido de los ciudadanos que me apoyaron, a pesar de todas las controversias que hubo.

¿Cree realmente que su elección pueda desarmar la crítica sobre las malas prácticas que se le hizo?

Las peores malas prácticas son esconder la falta de ideas, de voluntad y debate en base a descalificar al otro.

¿Es partidario de sumar a Velasco, que ha sido su principal crítico, a un gobierno de Bachelet?

Soy partidario de sumar a todos aquellos, sin distinción, que están dispuestos a llevar adelante las demandas que el país ha planteado y se expresan en el programa de Bachelet, que fue sancionado democráticamente en una primaria, en una primera vuelta y que estoy seguro que va a tener una amplia mayoría en segunda vuelta. Yo estoy disponible para construir acuerdos con todos los que estén disponibles para avanzar en esa dirección.

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