“Coludirse es muy grave,
pero hacerlo con los medicamentos
es criminal”

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Columna en La Tercera: “Una profunda hipocresía”

Publicado el 05/01/2015 | 0

LAS Naciones Unidas recomendó al Estado de Chile  revisar la legislación vigente sobre el aborto con miras a despenalizarlo en los casos de violación, e inviabilidad fetal o riesgo de vida de la madre. Chile es uno de los pocos países en el mundo que penaliza la interrupción  del embarazo.

Nuestro país vive en una profunda hipocresía: diversos estudios estiman que ocurren entre 35 mil a 150 mil abortos clandestinos al año. Cifras negras que aparentemente nadie realizó ni se quiere enfrentar y se prefieren ocultar. La ex ministra de Salud dijo una verdad del porte de una catedral: Los que tienen medios pueden interrumpir el embarazo fuera del país o a través de otros diagnósticos. La penalización no se aplica por igual a toda la población chilena.

En la comuna de Vitacura el porcentaje de embarazos adolescentes es menor al 2%, cifra que en comunas como Cerro Navia o Lo Espejo aumenta al 20 ó 25%, pues no cuentan con posibilidad de interrumpir el embarazo.

Otra incongruencia de los sectores conservadores es que al oponerse a legislar sobre el aborto terminan favoreciéndolo al impedir métodos científicamente validados para prevenirlo. Se han opuesto a la educación sexual, al uso del condón, a la píldora del día después e incluso acudieron al Tribunal Constitucional para obstaculizar el uso de la “T” de cobre. Ellos, al estigmatizar la educación sexual y los métodos anticonceptivos como pecaminosos, dejan al aborto como único instrumento para regular la natalidad y evitar embarazos indeseados.

Los sectores conservadores intentan imponer su visión de la sociedad que se funda en que habría valores morales superiores que pese a ser minoritarios deben regir para todos. Buscan instalar una visión religiosa -legítima para ellos-, pero que es una dictadura moral si se le impone al resto.

Es una paradoja que estos grupos le den tal importancia al ADN, que le atribuyan a secuencias de aminoácidos el estatus de poseer dignidad moral.  Hay un pensamiento mágico que dice que ahí donde hay fusión de ADN, hay alma. Pero esa concepción  religiosa de la persona humana no puede ser la base para establecer políticas  públicas en un Estado que no es confesional.

Este conservadurismo machista reduce a la mujer a la reproducción, a las tareas del hogar y la transforma en objeto sexual, en un bien de consumo que se transa en el mercado, erotizando a través de la publicidad los productos que se desean vender. Buscan confinar la sexualidad exclusivamente a la reproducción, estigmatizando toda actividad sexual que vaya más allá, como algo oscuro o derechamente un pecado. Con ello “animalizan” a los humanos, ya que nos distinguimos del resto de los seres vivos y de otros mamíferos para los que el propósito de la sexualidad es sólo la reproducción.

El aborto un mal social consecuencia de una visión  cultural y de salud, de la falta de acceso a la educación sexual o a los métodos anticonceptivos; es una situación extrema que la sociedad debe prevenir, pero en caso de ocurrir, ninguna mujer debiera ir a prisión.

Todos los seres humanos tenemos la misma dignidad e iguales derechos para optar por cómo enfrentar la sexualidad o la posible interrupción del embarazo. En este ámbito cada mujer debe tener autonomía y libertad para ejercer un derecho humano fundamental: el derecho a decidir una relación sexual o una nidación en su útero. El ideal es una sociedad en que todas las mujeres tengan derecho a interrumpir un embarazo, pero que ninguna se vea en la necesidad de ejercerlo.

Por todo ello, valoramos la valentía de la ex ministra Helia Molina, quien prefirió no callar una realidad  que es dolorosa y que existe, pese a los esfuerzos que otros hacen por negarla.

*Columna del senador Guido Girardi, presidente Comisión de Salud del Senado, publicada en el diario La Tercera el 3 de enero del 2015. 

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