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Columna de opinión: Daniel Farcas Farcas, Vicerector Académico de UNIACC

Publicado el 09/07/2009 | 0

danielfarcas “Educación superior en crisis: las soluciones son nuestra responsabilidad”

Las universidades privadas han contribuido definitivamente a incrementar la oferta académica, recibiendo a cambio la preferencia de los estudiantes. Por eso que el sistema tiene que repensarse, desde el Consejo de Rectores hasta el otorgamiento de subsidios y becas.

El mundo ha cambiado vertiginosamente, la tecnología avanza a pasos agigantados y las sociedades intentan adaptarse a estos nuevos escenarios, muchas veces en forma desesperada y no siempre congruente con la nueva realidad que se ha configurado. Este puede ciertamente tener actores y protagonistas muy diferentes a los social, política e institucionalmente validados con anterioridad.

En el ámbito de la enseñanza y muy especialmente en la educación superior resulta cada vez más nítido que deberemos tomar acciones radicales y verdaderamente asertivas para generar un escenario coherente en donde se puedan plasmar las conversaciones, diálogos y discusiones que permitan tomar las decisiones pertinentes en virtud de los desafíos complejos y apasionantes que se deberán enfrentar en los próximos años.

En este sentido, las cifras entregadas de CASEN (2006) evidencian la relevancia de los ingresos a percibir en la educación. Si bien es conocido que la escolaridad tiene una relación positiva creciente con el nivel de ingreso, dicha relación se ve enfatizada a partir de los 16 años de estudio; es decir, con educación superior completa. Los retornos de la educación, de acuerdo a esta encuesta, muestran un ingreso promedio mensual de la ocupación principal de 189.150 pesos con educación básica completa; 245.608 con educación media completa y 501.129 pesos con educación superior completa. Con 17 años de estudios, el ingreso se eleva a 800.442 pesos y a 1.074.621 con 18 años y más.

Si aspiramos a promover un desarrollo económico y social del país con equidad, mantener una posición competitiva a nivel global y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, es imperativo, incrementar la base de conocimientos de su población por medio de la formación, la cual es un relevante vehículo para lograr la movilidad social deseada.

En este escenario, la estructura general y la organización directiva parecieran estar obsoletas, y ello es producto de que los modelos con los que se sigue operando corresponden sin lugar a dudas a una realidad que ya no existe ni es consistente con las necesidades de nuestros ciudadanos, cada vez más exigentes e informados.

Más de la mitad de los estudiantes de la educación universitaria están matriculados en universidades privadas y gran parte de la diversidad de oferta y de opciones de formación en las distintas regiones del país existe, en rigor, gracias a la innovación, la creatividad y la iniciativa del sector privado. El mundo privado ha desarrollado de manera inteligente opciones de educación terciaria que han contribuido a la consolidación de un sistema que hoy da opción real a miles de jóvenes chilenos para obtener un título universitario y, lo que es más significativo aún, ha permitido lograr lo que quizás bajo otro sistema no hubiese sido posible: que 7 de cada 10 nuevos estudiantes sean primera generación de su familia en ingresar a la universidad. En este escenario, las universidades privadas evidencian un rol preponderante, lo que se ve reflejado en que 81.912 nuevos estudiantes optaron por ellas, un 59% del total de matriculados en instituciones universitarias, mientras que un 41% se encuentra en universidades del Consejo de Rectores, según antecedentes del Consejo Superior de Educación (2009).

Claramente, el Consejo de Rectores experimenta críticos momentos, lo que provoca la necesidad de revisar el actual sistema de educación superior. En cuanto a la estructura de asignación de financiamiento público, debiera ser considerada la opción clara y definitiva de becas y apoyos a los estudiantes, en función de sus necesidades socioeconómicas y respectivo rendimiento académico, y no según la institución de pertenencia. En tanto, las entidades de educación superior deberán competir en forma justa, bajo el principio de no discriminación ante la ley, en fondos concursables para programas que requieran de apoyo en el desarrollo tecnológico o de infraestructura, como también para proyectos de investigación y extensión, con el eje puesto en las cualidades de las propuestas y no en quienes son los dueños de dichas instituciones.

El desarrollo de nuevas metodologías de enseñanza-aprendizaje, el uso de la tecnología, la aplicación de programas de educación a distancia, la excelencia académica, la responsabilidad social universitaria, el vínculo con la empresa y con el mercado laboral, el desarrollo de una oferta con mayor empleabilidad y el fomento del emprendimiento son algunos de los factores clave del nuevo escenario de la educación superior. En un mundo cada vez más competitivo, con incertidumbre y cambio, estas transformaciones claramente no pueden esperar y es nuestra responsabilidad asumir esta realidad.

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